A finales del siglo XIX y en los primeros años del XX, la catequesis vivió un periodo de intensa búsqueda de métodos más eficaces. En ese marco, en 1898, el doctor A. Weber, editor de Katechetische Blätter de Múnich, impulsó la adaptación del sistema Herbart-Ziller para la enseñanza de la doctrina cristiana.1
La historia catequética de aquellos años también muestra un clima eclesial más amplio de reforma. La encíclica Acerbo nimis (1905) atribuía la crisis religiosa, en parte, a la ignorancia extendida de la verdad divina y establecía normas estrictas sobre el deber de catequizar. En ese contexto surgieron congresos catequéticos con ponencias prácticas y demostraciones del acto catequético, celebrados entre otros lugares en Múnich (1905 y 1907).1
Con el paso del tiempo, la pedagogía religiosa desarrollada en ese primer impulso se conoció, de modo característico, como «Movimiento de Múnich», conectado con una atención creciente a la psicología y a la metodología en la enseñanza de la fe.2
