La comprensión de la fertilidad femenina ha evolucionado a lo largo de la historia. Ya en 1853, la Santa Sede fue consultada sobre la moralidad de las relaciones conyugales durante los períodos de infertilidad fisiológica de la mujer1. A principios del siglo XX, los estudios de Kyusaku Ogino en Japón (1924) y Herman Knaus en Europa (1929) fueron cruciales para establecer la existencia de ciclos de fertilidad e infertilidad en la mujer1. Sus investigaciones demostraron que la liberación de gametos femeninos ocurre en fases definidas del ciclo sexual y que la fertilización solo es posible cuando el óvulo ha sido liberado del ovario1. Estos hallazgos dieron origen a los «métodos del calendario» para calcular los períodos fértiles e infértiles1.
Aunque hubo intentos de desacreditar estas tesis, como la de H. Stieve sobre la «ovulación paracíclica» que sugería la posibilidad de embarazo en cualquier momento, investigaciones posteriores, como las de H. Rauscher en 1963, refutaron tales objeciones1. Esto consolidó la base científica para la regulación natural de la natalidad.
