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Mezquita Catedral de Córdoba

La Mezquita-Catedral de Córdoba, dedicada a la Asunción de la Virgen María, es la iglesia catedral de la diócesis de Córdoba y uno de los monumentos más singulares de la historia religiosa y artística de España. El edificio conserva, superpuestas, huellas de la presencia cristiana antigua, de la arquitectura islámica andalusí y de la renovación católica iniciada tras la conquista castellana de Córdoba en 1236. Su valor patrimonial no sustituye a su función principal: continúa siendo un templo católico destinado al culto, a la celebración de la Eucaristía y a la oración de la comunidad cristiana.

Mezquita de Córdoba desde el aire (Córdoba, España)
Ver información de la imagenLa Mezquita de Córdoba vista desde el aire (Córdoba, España), c. 2010. Flickr: [1], Toni Castillo Quero, CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMezquita Catedral de Córdoba
CategoríaLugar sagrado
Nombre CompletoSanta Iglesia Catedral de Córdoba, dedicada a la Asunción de la Virgen María
DescripciónConstruida como gran mezquita omeya iniciada en 786, ampliada por varios califas, conquistada por Fernando III en 1236 y consagrada como catedral; sujeta a reformas renacentistas y barrocas que integraron el espacio islámico en una iglesia católica viva.
Fecha de Fundación1236
Autoridad EclesiásticaObispo de Córdoba
Creador
  • Hernán Ruiz el Viejo
  • Hernán Ruiz el Joven
DiócesisDiócesis de Córdoba
Fecha de Consagración1236
Fecha de Creación786
Importancia HistóricaMonumento singular que conserva huellas romanas, visigodas, islámicas y cristianas; patrimonio histórico-artístico
LugarCórdoba
PaísEspaña
PatronazgoVirgen María (Santa María Madre de Dios)
TipoCatedral, Andalucía
UsoTemplo católico y catedral diocesana
Uso LitúrgicoCulto católico, celebración de la Eucaristía

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza del edificio

La expresión Mezquita-Catedral de Córdoba describe la compleja historia constructiva del inmueble. Desde el punto de vista jurídico y litúrgico católico, el edificio es la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, sede del obispo y lugar principal de la vida litúrgica diocesana. La palabra mezquita alude a la gran construcción islámica levantada en época omeya, mientras que catedral identifica la realidad actual del templo y su pertenencia a la Iglesia católica.

El nombre tradicional completo incluye la advocación de Santa María Madre de Dios, vinculada a la dedicación catedralicia de la iglesia. La tradición católica cordobesa ha relacionado históricamente el lugar con la continuidad de la Iglesia en la ciudad y con la memoria de los mártires cordobeses de la Antigüedad y de la época de la dominación islámica.

La diócesis de Córdoba posee una antigüedad muy notable. La predicación cristiana pudo alcanzar la ciudad durante la época apostólica, cuando Córdoba constituía uno de los principales centros de la provincia romana de la Bética. El obispo más antiguo documentado recibe el nombre de Severo, hacia el año 279, y en 294 ocupó la sede Osio de Córdoba, figura decisiva en la defensa de la fe católica frente al arrianismo.1

La presencia cristiana anterior al edificio islámico

Córdoba romana y la primera comunidad cristiana

Córdoba, conocida en época romana como Colonia Patricia, fue un centro político, económico y cultural de primer orden. La Iglesia arraigó allí durante los primeros siglos del cristianismo, en un contexto marcado por la persecución imperial y por la veneración de los mártires.

Entre los primeros cristianos cordobeses venerados figuran Fausto, Januario y otros mártires, cuyos restos fueron apreciados por distintas iglesias hispanas y también por comunidades cristianas de la Galia. La existencia de una sede episcopal organizada confirma la consolidación de la Iglesia local mucho antes de la construcción de la mezquita omeya.1

La tradición cordobesa atribuye a la comunidad cristiana una continuidad que atraviesa las etapas romana, visigoda, islámica y castellana. Esa continuidad no significa que el edificio actual permaneciera inalterado, sino que el lugar y la ciudad conservaron una memoria religiosa vinculada a la presencia cristiana.

La basílica visigoda de San Vicente

Antes de la mezquita aljama existió en el lugar una basílica cristiana dedicada a san Vicente mártir, uno de los santos más venerados de Hispania. La basílica pertenecía al complejo episcopal de la Córdoba visigoda y formaba parte de la estructura urbana y religiosa de la ciudad.

Tras la conquista islámica de Córdoba en el año 711, los cristianos conservaron durante cierto tiempo iglesias, monasterios, bienes y estructuras jerárquicas, aunque bajo una situación de subordinación política y fiscal. La comunidad cristiana podía mantener su culto con restricciones y mediante el pago de tributos.1

La tradición histórica sostiene que la basílica de San Vicente fue utilizada de manera compartida por cristianos y musulmanes durante una primera etapa. Más tarde, el emir 'Abd al-Raḥmān I adquirió la parte cristiana del conjunto y ordenó la construcción de la gran mezquita. La investigación arqueológica ha identificado restos de estructuras cristianas anteriores, aunque la interpretación exacta de cada vestigio y de su relación con la basílica continúa siendo objeto de estudio histórico y arqueológico.

Construcción de la mezquita omeya

El proyecto de 'Abd al-Raḥmān I

La construcción de la mezquita comenzó en el siglo VIII, durante el gobierno de 'Abd al-Raḥmān I, fundador del emirato omeya independiente de Córdoba. La obra se inició tradicionalmente en torno al año 786 y convirtió el antiguo espacio cristiano en el núcleo de un gran edificio de oración islámico.2

La edificación respondió tanto a necesidades religiosas como políticas. Córdoba necesitaba un gran centro cultual que manifestara la autoridad del nuevo poder omeya y la importancia de la ciudad como capital de al-Ándalus. La mezquita aljama, es decir, la mezquita principal de una ciudad, cumplió desde entonces una función central en la vida pública cordobesa.

La obra incorporó materiales procedentes de edificios romanos y visigodos anteriores. Columnas, capiteles, fustes y otros elementos fueron reutilizados en la nueva construcción. Esta práctica, habitual en la arquitectura antigua y medieval, no debe interpretarse únicamente como destrucción o sustitución: también revela la apropiación de la memoria monumental de Córdoba por parte de cada nuevo poder político y religioso.

La sala de oración

El elemento más célebre de la mezquita es la sala hipóstila, formada por una extensa sucesión de columnas y arcos. Su composición genera una impresión visual de profundidad, repetición y continuidad. La combinación de columnas de mármol o piedra, capiteles antiguos, pilares y arcos superpuestos permitió alcanzar una altura considerable sin renunciar a la ligereza espacial.

Los arcos de herradura y los arcos superiores, con alternancia de dovelas claras y rojizas, producen el característico efecto cromático del edificio. La solución estructural facilitó la ampliación progresiva de la sala y originó uno de los interiores más reconocibles de la arquitectura medieval europea.

El edificio no nació de una sola campaña constructiva. Los sucesivos emires y califas ampliaron la mezquita conforme aumentaban la población, la riqueza y la relevancia política de Córdoba.

Ampliaciones omeyas

La mezquita recibió ampliaciones durante los gobiernos de 'Abd al-Raḥmān II, 'Abd al-Raḥmān III, al-Ḥakam II y al-Manṣūr. Cada etapa dejó una fisonomía propia.

La ampliación de 'Abd al-Raḥmān II extendió el edificio hacia el sur. Durante el califato, al-Ḥakam II impulsó una ampliación de gran riqueza decorativa, especialmente visible en la zona del antiguo miḥrāb, el nicho que orientaba la oración hacia La Meca. La portada del miḥrāb, las cúpulas y los mosaicos dorados manifiestan la estrecha relación entre poder político, arte monumental y culto islámico.

Al-Manṣūr amplió considerablemente el conjunto hacia el este. Esta intervención alteró la posición axial del miḥrāb respecto del centro geométrico del edificio, pero multiplicó la superficie disponible para la oración comunitaria.

La antigua mezquita alcanzó así una escala extraordinaria. La enciclopedia católica de comienzos del siglo XX la describía como una de las construcciones árabes más grandes y magníficas, y recordaba que el edificio era ya entonces la catedral de Córdoba.2

La conquista cristiana y la restauración del culto católico

La entrada de Fernando III en Córdoba

Las tropas de Fernando III de Castilla conquistaron Córdoba en 1236. La mezquita fue consagrada como iglesia catedral y recuperó su función cristiana. Este acontecimiento forma parte de la expansión de los reinos cristianos sobre las ciudades de al-Ándalus, pero también debe comprenderse como la restauración de una sede episcopal que había existido antes de la dominación islámica.

La transformación litúrgica no eliminó la estructura islámica. La Iglesia incorporó el edificio a su patrimonio cultual y adaptó progresivamente algunos de sus espacios a las exigencias de la liturgia latina. El templo comenzó a albergar altares, capillas, imágenes, sepulcros, órganos, archivos y dependencias capitulares.

La consagración cristiana otorgó al edificio una nueva identidad litúrgica. Desde entonces, la sala heredada de la mezquita dejó de ser un espacio de oración islámica y pasó a integrarse en una catedral dedicada al culto católico. El uso actual de la denominación histórica no modifica esa realidad.

La catedral medieval

Durante la Edad Media, el cabildo catedralicio organizó el culto y la administración del templo. El edificio acogió capillas privadas y corporativas, altares dedicados a santos, enterramientos de miembros de la nobleza y espacios destinados a la memoria litúrgica de la diócesis.

La capilla de Villaviciosa, vinculada a las primeras transformaciones cristianas del edificio, constituye uno de los testimonios más relevantes de la adaptación medieval. Su arquitectura refleja la coexistencia de formas heredadas del espacio islámico con soluciones propias del arte cristiano medieval.

Los primeros siglos posteriores a la conquista no produjeron una ruptura total con la arquitectura existente. La catedral utilizó la sala de columnas como marco monumental y añadió elementos que expresaban la nueva función sacramental y episcopal.

La transformación renacentista y barroca

El crucero y el coro

La intervención más profunda de la época moderna fue la construcción de un crucero catedralicio, con coro y presbiterio, en el centro de la antigua sala de oración. La obra comenzó en el siglo XVI por iniciativa del cabildo y con autorización de la Corona.

El proyecto alteró visualmente la continuidad de las arquerías, pero creó un espacio reconocible según el modelo de la catedral latina: nave transversal, presbiterio, coro capitular y altar mayor. La construcción expresa la voluntad de dotar a la sede episcopal de un espacio litúrgico adecuado para la celebración solemne de la misa, el rezo coral del Oficio divino y las ceremonias del obispo y del cabildo.

Los arquitectos Hernán Ruiz el Viejo, Hernán Ruiz el Joven y otros maestros intervinieron en distintas fases del conjunto. La obra combinó elementos renacentistas y posteriores soluciones manieristas y barrocas.

El altar mayor y el coro

El espacio catedralicio moderno contiene un altar mayor, un coro con sillería y una estructura monumental destinada a ordenar la liturgia. La disposición responde a la tradición de las catedrales españolas, donde el coro capitular ocupaba un lugar destacado en la celebración diaria de la Iglesia.

El altar no constituye un simple elemento decorativo. En la liturgia católica, el altar representa a Cristo y constituye el lugar principal de la celebración eucarística. La belleza artística de la capilla mayor queda subordinada a la acción litúrgica, aunque el arte sacro contribuya a manifestar la dignidad del misterio celebrado.

El coro, por su parte, expresa la dimensión comunitaria y eclesial de la liturgia. Los canónigos y ministros celebraban allí la Liturgia de las Horas y participaban en las solemnidades de la catedral.

Capillas y obras de arte

La catedral reúne numerosas capillas distribuidas por el perímetro del edificio. Cada capilla puede responder a una advocación, una fundación piadosa, una familia, una cofradía o una necesidad litúrgica concreta.

El conjunto conserva pinturas, esculturas, retablos, rejas, mobiliario litúrgico, sepulcros y piezas de orfebrería. Estos bienes pertenecen a épocas diversas y permiten seguir la evolución de la espiritualidad católica, de la piedad funeraria y de los lenguajes artísticos hispanos.

Entre las advocaciones vinculadas al templo ocupa un lugar central la Virgen María, cuya presencia articula la dedicación catedralicia. También reciben veneración numerosos santos relacionados con Córdoba, entre ellos los mártires de la época romana y los mártires cordobeses del siglo IX.

Arquitectura y elementos principales

El patio de los Naranjos

El patio de los Naranjos forma parte esencial del conjunto. Su origen responde al patio de abluciones de la mezquita, pero la catedral lo incorporó a su propio ámbito monumental. La arboleda, las fuentes, los caminos y la torre configuran un espacio de transición entre la ciudad y el interior del templo.

En época cristiana, el patio adquirió funciones procesionales, de acceso y de representación. También quedó integrado en la vida cotidiana de la catedral y en la percepción urbana del edificio.

La torre-campanario

La actual torre-campanario ocupa el lugar del antiguo alminar. La estructura islámica quedó incorporada a una envoltura cristiana levantada en época moderna. El resultado ofrece un ejemplo claro de superposición arquitectónica: la torre conserva la memoria formal del alminar, pero culmina en un campanario destinado a convocar a la comunidad cristiana.

Las campanas cumplen una función litúrgica y social. Llaman a la misa, anuncian las solemnidades, acompañan determinadas celebraciones y marcan acontecimientos relevantes para la diócesis y para la ciudad.

El miḥrāb y la maqsura

La zona del antiguo miḥrāb y de la maqsura constituye uno de los espacios de mayor riqueza artística de la arquitectura omeya. Sus mosaicos, arcos, cúpulas y revestimientos forman un conjunto de extraordinaria complejidad.

En la actualidad, estos elementos poseen principalmente un valor histórico y artístico. No funcionan como lugares de culto islámico dentro de la catedral. La liturgia católica concentra su celebración en el altar, la capilla mayor y los restantes altares y capillas del templo.

Esta distinción resulta necesaria para comprender el edificio: la conservación de una forma arquitectónica no equivale a la conservación de la función religiosa original. El patrimonio material permanece, mientras que la función cultual cambia conforme cambia la comunidad que posee y utiliza el edificio.

La estructura de columnas y arcos

La sala de columnas constituye la imagen más conocida del monumento. Sus arquerías producen una sensación de bosque arquitectónico y permiten apreciar la evolución de la construcción a lo largo de varios siglos.

Desde el punto de vista artístico, el sistema combina tradición romana, soluciones visigodas y novedades islámicas. Desde el punto de vista histórico, muestra cómo distintas culturas reutilizaron materiales, técnicas y espacios anteriores.

Desde el punto de vista litúrgico católico, las arquerías forman hoy parte del ámbito de una iglesia catedral. El visitante puede admirarlas como patrimonio histórico-artístico, pero el fiel las contempla además dentro de un templo vivo, marcado por la presencia del altar, el sagrario, las imágenes sagradas y la celebración de los sacramentos.

La superposición arquitectónica como testimonio de continuidad cristiana

La Mezquita-Catedral representa de manera excepcional la superposición de estratos religiosos y culturales. El edificio contiene vestigios de la Córdoba romana, memoria de la basílica visigoda de San Vicente, arquitectura omeya y transformaciones cristianas medievales, renacentistas, barrocas y modernas.

Esta superposición no debe reducirse a una simple yuxtaposición de estilos. Cada etapa modificó el espacio, reinterpretó los materiales anteriores y otorgó al lugar un significado nuevo. La catedral católica no constituye una decoración añadida a una mezquita conservada intacta: es el resultado de una apropiación cristiana progresiva de un edificio islámico, del mismo modo que la mezquita había incorporado materiales y transformado estructuras anteriores.

La continuidad de la fe cristiana en Córdoba aparece, por tanto, en varios niveles:

  • Continuidad episcopal: la sede cordobesa existía antes de la dominación islámica y volvió a organizarse tras la conquista cristiana.
  • Memoria martirial: la ciudad conserva la memoria de los mártires de época romana y de los cristianos que murieron durante las persecuciones del siglo IX.
  • Continuidad del lugar sagrado: el espacio vinculado a la antigua basílica quedó integrado en el conjunto que posteriormente la Iglesia consagró como catedral.
  • Continuidad litúrgica: desde 1236, el edificio acoge el culto católico y la vida sacramental de la diócesis.
  • Continuidad artística: columnas, capiteles, arcos, mosaicos, capillas y retablos forman una secuencia histórica que permite contemplar el desarrollo de la cultura cristiana y andalusí.

La diócesis de Córdoba vivió durante la dominación islámica una situación compleja. Los cristianos conservaron durante ciertos periodos sus iglesias y monasterios, aunque soportaron tributos, restricciones y cambios en la política de los gobernantes. Con el tiempo, parte de la población cristiana emigró hacia el norte o buscó refugio en comunidades monásticas, mientras disminuía el número de cristianos en la ciudad.1

En el siglo IX, Córdoba fue escenario del testimonio de numerosos mártires. San Eulogio de Córdoba, sacerdote, escritor y defensor de los cristianos perseguidos, acompañó espiritualmente a los confesores y dejó escritos sobre sus sufrimientos. Murió mártir en el año 859.3

La memoria de estos mártires aporta una dimensión eclesial al monumento. El edificio no pertenece únicamente a la historia de los estilos arquitectónicos: también forma parte de la historia de una Iglesia local que atravesó persecuciones, cambios políticos y transformaciones culturales sin perder su identidad cristiana.

La función litúrgica de la catedral

La celebración de la Eucaristía

La función principal de la Mezquita-Catedral consiste en acoger la celebración de la Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia. La catedral es el templo propio del obispo y el lugar donde la comunidad diocesana manifiesta de modo solemne su unidad en torno a Cristo.

La misa catedralicia reúne al obispo, al cabildo, al clero, a los religiosos y a los fieles. Las celebraciones del calendario litúrgico, las ordenaciones, las solemnidades marianas, las fiestas de los santos y otros actos diocesanos encuentran allí su marco propio.

La Liturgia de las Horas

El cabildo catedralicio mantiene también la tradición de la oración pública de la Iglesia mediante la Liturgia de las Horas, especialmente en las celebraciones capitulares. Esta oración prolonga la acción de gracias de la Eucaristía y consagra el transcurso del día a Dios.

El canto litúrgico, el uso del órgano y la solemnidad de las ceremonias contribuyen a expresar la dimensión pública de la catedral. La música sacra no busca únicamente embellecer el espacio; acompaña la oración y ayuda a la asamblea a participar en el misterio celebrado.

El sagrario, las capillas y la piedad popular

La presencia del sagrario recuerda la reserva eucarística y la permanencia de Cristo sacramentado. Las capillas laterales permiten celebrar misas, administrar sacramentos, honrar a la Virgen y a los santos, y favorecer la oración personal.

La veneración de las imágenes sagradas no equivale a adoración de la materia. La Iglesia católica dirige la veneración hacia Cristo, la Virgen y los santos representados, reconociendo en ellos modelos de santidad y testigos de la acción de la gracia.

Las capillas y altares muestran también la relación entre la catedral y la piedad de generaciones de cordobeses. Familias, gremios, cofradías y clérigos contribuyeron a enriquecer el templo y a mantener sus celebraciones.

La Mezquita-Catedral como patrimonio histórico-artístico

El valor patrimonial del edificio procede de la acumulación de épocas, técnicas y lenguajes artísticos. La arquitectura omeya constituye su núcleo más conocido, pero el conjunto no puede comprenderse sin la catedral cristiana, las capillas, el crucero, el coro, la torre, los retablos y las obras de arte incorporadas después de 1236.

Un monumento de alcance universal

La Mezquita-Catedral pertenece al patrimonio cultural de Córdoba, de Andalucía, de España y de la humanidad. Su interés supera el ámbito confesional porque permite estudiar:

  • La arquitectura religiosa medieval.
  • La reutilización de edificios antiguos.
  • La convivencia y el conflicto entre comunidades religiosas.
  • La evolución urbana de Córdoba.
  • La historia de la diócesis.
  • El desarrollo de las artes cristianas e islámicas.
  • La conservación de monumentos complejos y estratificados.

La contemplación artística no exige compartir la fe católica, pero la interpretación completa del edificio necesita reconocer su función actual. Presentarlo únicamente como una antigua mezquita desatiende la historia de la catedral; presentarlo únicamente como una iglesia sin explicar su arquitectura islámica empobrece la comprensión del monumento.

Patrimonio y culto

La condición patrimonial del edificio exige conservar columnas, mosaicos, yeserías, pinturas, capillas, pavimentos y estructuras históricas. La condición catedralicia exige mantener un espacio apto para la oración, la celebración sacramental y la reunión de la comunidad.

Ambas dimensiones pueden coexistir, pero no poseen el mismo rango. Para la Iglesia católica, el templo no es ante todo una pieza museística. El patrimonio artístico sirve a la memoria, a la belleza y a la cultura, mientras que la catedral existe primordialmente para el culto a Dios y la santificación de los fieles.

La visita cultural debe respetar el carácter sagrado del lugar. El silencio, la vestimenta decorosa, la atención a los horarios litúrgicos y el respeto a las celebraciones forman parte de ese reconocimiento.

Conservación y transmisión

La conservación de la Mezquita-Catedral requiere conocimientos de arquitectura, arqueología, historia del arte, liturgia y restauración. La variedad de materiales y épocas obliga a intervenir con criterios diferenciados. Una columna romana, un mosaico omeya, una capilla gótica y un retablo barroco no pueden recibir el mismo tratamiento técnico.

La transmisión del monumento a las generaciones futuras reclama tres responsabilidades:

  1. Conservar la materia histórica, evitando alteraciones innecesarias.
  2. Explicar la totalidad de sus etapas, sin borrar ni privilegiar artificialmente una sola época.
  3. Respetar la función catedralicia, que mantiene vivo el edificio como lugar de culto católico.

El monumento necesita una interpretación que evite tanto la idealización como la simplificación. La historia de Córdoba incluye romanización, cristianización, dominio visigodo, conquista islámica, esplendor omeya, persecución de cristianos, conquista castellana y desarrollo de la Iglesia moderna. La Mezquita-Catedral concentra esa historia en un mismo espacio.

Significado eclesial

Para la Iglesia de Córdoba, la catedral representa la unidad de la diócesis en torno al obispo y a la Eucaristía. Sus muros recuerdan a los cristianos de las primeras comunidades, a los obispos antiguos, a los mártires y a las generaciones que mantuvieron la fe en circunstancias cambiantes.

La presencia de san Eulogio y de los mártires cordobeses otorga al edificio una dimensión testimonial. El martirio no constituye una exaltación de la violencia ni una condena indiscriminada de otras comunidades, sino el recuerdo de cristianos que permanecieron fieles a su conciencia y a su confesión de fe en contextos de persecución. La Iglesia venera a los mártires porque reconoció en ellos una entrega a Cristo y no porque busque reabrir conflictos históricos.

La catedral expresa también la capacidad de la Iglesia para integrar formas culturales diversas. La tradición católica no identifica la fe con un único estilo arquitectónico. Puede servirse de materiales romanos, formas visigodas, técnicas andalusíes y lenguajes renacentistas o barrocos, siempre que el conjunto quede ordenado al culto y a la manifestación de la fe.

Conclusión

La Mezquita-Catedral de Córdoba constituye un monumento inseparable de la historia religiosa de la ciudad. Sus orígenes cristianos se remontan a la antigua comunidad episcopal cordobesa y a la memoria de la basílica de San Vicente. La construcción de la gran mezquita omeya transformó radicalmente el espacio, pero la conquista de 1236 devolvió el edificio al culto católico y lo convirtió en la catedral de la diócesis.

Su arquitectura conserva la huella de varias civilizaciones, mientras que su función actual pertenece plenamente a la Iglesia católica. La sala de columnas, el miḥrāb, el patio, la torre, el crucero, el coro, las capillas y el altar forman un conjunto histórico-artístico excepcional; la celebración de la Eucaristía, la oración de la Iglesia y la vida sacramental determinan, sin embargo, su significado principal.

La Mezquita-Catedral es, en suma, un templo católico vivo y un patrimonio histórico universal, testimonio material de la continuidad de la fe cristiana en Córdoba y de la compleja superposición cultural que ha configurado la historia de España.

Citas y referencias

  1. Córdoba. Enciclopedia Católica, Córdoba (1913). 2 3 4
  2. España. Enciclopedia Católica, España (1913). 2
  3. San Eulogio de Córdoba. Enciclopedia Católica, San Eulogio de Córdoba (1913).
Modificado el 21 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.03Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/89r0nrzn0

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