El Miércoles de Ceniza, conocido en el Misal Romano como dies cinerum (día de cenizas), se celebra el miércoles después del Domingo de Quincuagésima y es el primer día del ayuno cuaresmal1. Este nombre se encuentra en las copias más antiguas del Sacramentario Gregoriano, lo que sugiere que la tradición data al menos del siglo VIII1.
La costumbre de distribuir cenizas a todos los fieles surgió como una imitación devocional de la práctica observada por los penitentes públicos1. En la antigüedad, los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, y el acto de ponerse cenizas era un signo externo de su culpa y su deseo de conversión2,3. Sin embargo, el uso devocional de las cenizas por parte de todos los fieles es anterior a lo que se pensaba1. Ya en el siglo XI, el Sínodo de Benevento (1091) lo mencionaba como una observancia general para clérigos y laicos1. Incluso un siglo antes, el homilista anglosajón Ælfric asumía que se aplicaba a todas las clases de personas, instándolos a esparcir cenizas sobre sus cabezas como señal de arrepentimiento durante el ayuno cuaresmal1.
Las cenizas utilizadas en esta ceremonia se obtienen quemando las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior1,4,5.

