Contexto social y religioso en la España del siglo XVII
En la España barroca del siglo XVII, bajo el reinado de Felipe IV, la fe católica impregnaba todos los aspectos de la vida cotidiana. Las villas rurales como Calanda, en la comarca del Bajo Aragón, vivían inmersas en una profunda devoción mariana, especialmente hacia Nuestra Señora del Pilar, cuya basílica en Zaragoza era centro de peregrinaciones. La población, mayoritariamente campesina, enfrentaba frecuentes hambrunas, epidemias y accidentes laborales, lo que fomentaba la confianza en los milagros como signos de la providencia divina.1
Calanda, con su Santuario de la Virgen de Piedraescrita, ya era lugar de devociones locales. En este ambiente, los relatos de curaciones milagrosas eran comunes, pero el caso de Miguel Pellicer se distinguiría por su rigor probatorio, en una época en que la Iglesia promovía la verificación estricta de prodigios para combatir el escepticismo incipiente y las acusaciones de superstición.
Vida de Miguel Pellicer antes del accidente
Miguel Pellicer Pellicer (nacido en 1617), hijo de humildes labradores, era un joven de 23 años dedicado a las labores del campo. El 2 de octubre de 1637, mientras transportaba aceite en una noria, resbaló y su pierna derecha quedó atrapada en la rueda, provocándole una fractura grave con infección gangrenosa. Tras intentos fallidos de tratamiento por cirujanos locales, la pierna fue amputada a la altura de la rodilla el 24 de noviembre de 1637, en presencia de testigos. Miguel se adaptó a la prótesis de madera, mendigando en Zaragoza ante la Virgen del Pilar, a quien atribuía su consuelo espiritual.
