La conservación de un cuerpo puede obedecer a causas muy diversas. Antes de atribuirla a una intervención extraordinaria de Dios, conviene estudiar las condiciones ambientales, el terreno, la temperatura, la humedad, la ventilación, la composición del ataúd, la duración del enterramiento y cualquier tratamiento aplicado al cadáver.
Momificación natural
La momificación natural aparece cuando el cuerpo pierde rápidamente sus líquidos y los tejidos quedan desecados. Un ambiente seco, una ventilación intensa, temperaturas determinadas o ciertas características del suelo pueden frenar la acción de los microorganismos y producir una conservación parcial o amplia del cadáver.
La momificación natural no mantiene necesariamente el cuerpo con aspecto flexible o semejante al de una persona viva. Habitualmente provoca desecación, endurecimiento, contracción de la piel, oscurecimiento de los tejidos y otros cambios propios de la transformación post mortem.
Momificación artificial y embalsamamiento
La momificación artificial y el embalsamamiento utilizan procedimientos destinados a retrasar la descomposición. Entre ellos pueden figurar la extracción de órganos, la aplicación de sustancias conservantes, el tratamiento de cavidades corporales, el cierre de determinadas partes del cuerpo y otras técnicas funerarias.
Estas intervenciones no eliminan la dignidad religiosa de los restos ni impiden su veneración como reliquia auténtica, pero sí modifican el valor probatorio de la conservación. Un cuerpo tratado artificialmente no puede presentarse sin más como una prueba de incorruptibilidad milagrosa.
Criterios de Prospero Lambertini
Prospero Lambertini, que llegó a ser el papa Benedicto XIV, trató con especial prudencia los fenómenos relacionados con la santidad, los milagros y la conservación de los cadáveres. Su metodología distinguía la incorruptibilidad extraordinaria de los casos explicables por causas naturales o por intervención humana.
Entre los criterios tradicionalmente asociados a su análisis figuran los siguientes:
- Ausencia de embalsamamiento o de tratamientos conservantes.
- Conservación prolongada sin condiciones ambientales capaces de explicar el resultado.
- Ausencia de signos propios de la momificación ordinaria.
- Integridad o flexibilidad de partes corporales que normalmente sufrirían una rápida descomposición.
- Preservación de tejidos, órganos o rasgos que no corresponda a una simple desecación.
- Ausencia de una explicación suficiente basada en el ataúd, el terreno, la humedad, la temperatura o la ventilación.
- Examen de la presencia o ausencia de olor cadavérico y de otros signos observables.
- Verificación de que la conservación no procede de una reconstrucción, una cobertura artificial o una restauración posterior.
Estos criterios no funcionan como una fórmula automática. La simple presencia de varios signos no obliga a concluir que exista un milagro. El examen debe considerar la totalidad de las circunstancias y valorar con rigor las explicaciones naturales.