Orígenes y vocación religiosa
Santa Catalina Labouré, nacida como Zoé Labouré el 28 de mayo de 1806 en Fain-les-Moutiers (Côte-d’Or, Francia), provenía de una familia campesina. Huérfana de madre a los nueve años, asumió responsabilidades domésticas desde temprana edad, lo que forjó su carácter humilde y abnegado. A los 24 años, ingresó en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Châtillon-sur-Seine, tomando el nombre de Catalina. En 1830, fue enviada al convento de la Rue du Bac en París, donde comenzaría su extraordinaria experiencia espiritual.1,2
Su vida religiosa se caracterizó por la obediencia absoluta y el anonimato. Superiores la describieron como «insignificante», «fría» y «apática», pero esta aparente mediocridad ocultaba una profunda unión con Dios. Realizó tareas humildes como portera, cuidadora de aves y enfermera de ancianos en Enghien-Reuilly hasta su muerte.1
Las apariciones de la Virgen María
El 18 de julio de 1830, Catalina recibió la primera visión de la Virgen en la capilla de la Rue du Bac. Nuestra Señora se presentó como una madre afligida, prediciendo pruebas para Francia y la Iglesia. El 27 de noviembre de 1830, se produjo la visión icónica: la Virgen sobre un globo, con rayos de luz de sus manos y la inscripción «O María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti». La imagen se invirtió, revelando la «M» con cruz, el Corazón de Jesús y el de María. La Virgen pidió acuñar una medalla, prometiendo grandes gracias a quienes la llevaran con devoción.1,3,4
Estas apariciones, investigadas canónicamente en 1836 por el arzobispo de París, Mgr de Quélen, fueron autenticadas pese a la reserva de Catalina, quien solo confió en su director espiritual, P. Aladel. La medalla, acuñada en 1832, se difundió rápidamente, ganando el apelativo de «milagrosa» por conversiones y favores, como la de Alphonse Ratisbonne en 1842.1,3
