Orígenes y vocación religiosa
San Nicolás de Tolentino (c. 1246-1305), agustino eremita, nació en Sant’Angelo in Pontano, cerca de Fermo (Marca de Ancona, Italia), en respuesta a las plegarias de sus padres, Compagnonus de Guarutti y Amata de Guidiani, tras una peregrinación al santuario de San Nicolás de Bari. Bautizado con el nombre de su patrón, desde niño mostró inclinación a la oración, retirándose a una cueva para imitar a los eremitas apeninos.2,4
Aunque destacado en estudios y nombrado canónigo en la iglesia de San Salvador en Sant’Angelo, un sermón sobre el pasaje evangélico «Nolite diligere mundum» (1 Jn 2,15) lo impulsó a ingresar en la Orden de los Agustinos antes de los diecinueve años, bajo la guía del padre Reginald. Su noviciado y estudios en San Ginesio se marcaron por una caridad extrema: distribuía abundantemente el pan del convento a los pobres, lo que provocó quejas del procurador, pero inició su fama milagrosa al curar a un niño enfermo con las palabras «El buen Dios te sanará».2,4
Ministerio en Tolentino
Ordenado sacerdote hacia 1270 en Cingoli, donde curó a una ciega, Nicolás itineró por conventos agustinos. Una voz divina le indicó: «A Tolentino, a Tolentino. Persevera allí». En esta ciudad, azotada por conflictos güelfos-gibelinos, predicó en las calles durante treinta años, convirtiendo pecadores, reconciliando familias y atendiendo a enfermos en barrios marginales. Su humildad lo llevó a decir tras milagros: «Dad gracias a Dios, no a mí. Soy solo un vaso de barro, un pobre pecador».1,2,4
