Milagro de la resurrección del niño de San Vicente Ferrer (España)
El milagro de la resurrección del niño de San Vicente Ferrer es uno de los episodios más célebres atribuidos al dominico español San Vicente Ferrer (1350-1419), un prolífico predicador y taumaturgo del siglo XIV. Según la tradición católica, durante una de sus misiones evangelizadoras en España, el santo resucitó a un niño fallecido, quien relató visiones apocalípticas sobre el Juicio Final inminente, incluyendo el sonido de la trompeta del fin del mundo. Este prodigio, documentado en fuentes hagiográficas y confirmado en la bula de canonización del santo, se representa en esculturas y pinturas, y subraya el carisma profético de Ferrer, aunque su profecía no se cumplió en el plazo anunciado.1,2
Tabla de contenido
Contexto histórico
San Vicente Ferrer vivió en una época turbulenta marcada por el Cisma de Occidente (1378-1417), durante el cual la Iglesia católica sufrió la división entre papas rivales en Roma y Aviñón. Nacido en Valencia en 1350, de familia noble, ingresó en la Orden de Predicadores (Dominicos) en 1367. Su ministerio apostólico, iniciado alrededor de 1399, lo llevó a recorrer Europa predicando la penitencia y anunciando la proximidad del fin de los tiempos, lo que atrajo multitudes y provocó numerosas conversiones, especialmente entre judíos y musulmanes.3,4
Ferrer era conocido por su austeridad extrema, su elocuencia y sus dones milagrosos, como profecías cumplidas —por ejemplo, durante una hambruna en Barcelona, predijo la llegada de barcos con trigo— y curaciones. Su predicación apocalíptica resonaba con las angustias de la época: plagas, guerras y el cisma eclesial. En este marco se sitúa el milagro de la resurrección, que refuerza su reputación como «ángel del Apocalipsis», tal como lo describe la bula de canonización.1,2
Vida y misión apostólica de San Vicente Ferrer
Formación y primeros años
Educado en Valencia y Barcelona, Ferrer completó sus estudios filosóficos a los catorce años y enseñó en Lérida y Toulouse. Apoyó inicialmente al antipapa de Aviñón, Pedro de Luna (Benedicto XIII), pero tras una crisis espiritual en 1398, renunció a cargos eclesiásticos para dedicarse a la predicación itinerante. Su hermano Bonifacio Ferrer, general cartujo, influyó en su vocación.3,4
Predicación y milagros
Desde 1399, Ferrer predicó en Cataluña, Francia, Italia y Suiza, atrayendo a decenas de miles. Convertía herejes, judíos y sarracenos mediante sermones en lengua vernácula. Su estilo era directo: exhortaba a la penitencia, anunciando el Juicio Final cercano. Milagros como multiplicación de alimentos y curaciones acompañaban su palabra. Murió en Vannes (Bretaña) en 1419 y fue canonizado en 1455 por Calixto III.4,5
Relato del milagro
Circunstancias del prodigio
El milagro ocurrió durante una misión en España, posiblemente en la región valenciana, hacia finales del siglo XIV. Un niño había fallecido repentinamente, y sus padres, desconsolados, acudieron a Ferrer implorando su intervención. El santo, con su habitual confianza en la divina providencia, oró sobre el cadáver infantil. Ante testigos, el niño recobró la vida, pero no como un simple retorno: relató experiencias sobrenaturales que había vivido en el más allá.1,2
El resucitado describió haber oído la trompeta del Juicio Final, que despertaba a los muertos. Su cabello se erizó de terror, y su cuerpo tembló al presenciar la resurrección general y el tribunal divino. Ferrer interpretó esto como una confirmación profética: el fin del mundo estaba próximo, instando a la conversión inmediata.1
Detalles de la visión del niño
Según el testimonio transmitido, el niño exclamó: «Podía oír la trompeta del doom despertando a los muertos, y mi cabello se erizó de miedo, y mi carne y huesos temblaban con un estremecimiento indescriptible». Ferrer lo presentó como prueba de la inminencia escatológica, advirtiendo: «Cristo nos dice que meditemos estas grandes enseñanzas, pues seremos sorprendidos, y el tiempo vendrá antes de lo que pensamos». Este episodio se inscribe en la tradición de visiones apocalípticas comunes en la Edad Media.1
Testimonios y fuentes históricas
Fuentes primarias y hagiográficas
El milagro está atestiguado por testigos oculares fiables, según Charles Arminjon en su obra de 1881, The End of This Present World and the Mysteries of the Future Life. Arminjon cita la bula de canonización de Ferrer, que no declara apócrifo el relato: «Tuvo las palabras del Evangelio eterno, para proclamar, como el ángel que vuela por en medio del cielo, el reino de Dios a toda lengua, tribu y nación, y mostrar la proximidad del último juicio».2
Representaciones artísticas —esculturas y pinturas— perpetúan el episodio, confirmando su difusión popular. Aunque han pasado siglos sin que el Juicio se materialice, la Iglesia no lo ha desautorizado, viéndolo como exhortación espiritual más que profecía literal.2
Críticas y debates
Algunos historiadores, como el citado por Arminjon, cuestionan si fue alegoría, pero la tradición lo mantiene auténtico. San Jerónimo censuró exageraciones similares en otros autores, pero Ferrer sigue el linaje de doctores y apóstoles. Fuentes como Butler’s Lives of the Saints (1990) y la Catholic Encyclopedia (1913) corroboran la vida milagrosa de Ferrer sin detallar este caso, pero lo enmarcan en su taumaturgia general.3,4,5
Significado teológico y devocional
Este milagro ilustra el carisma de Ferrer como profeta escatológico, alineado con la doctrina católica sobre la segunda venida de Cristo (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 668-682). No implica fecha fija —prohibida por Mt 24,36—, sino urgencia penitencial. En la tradición española, refuerza la devoción a Ferrer como patrono de Valencia, predicadores y contra tormentas.6
En España, se venera en fiestas locales, inspirando procesiones y novenas. Relacionado con otros santos valencianos como San Luis Beltrán, su legado perdura en la espiritualidad dominica.7,8,9
Representaciones artísticas y culto
El prodigio se plasma en esculturas y pinturas medievales, especialmente en iglesias valencianas y catalanas. En la iconografía, Ferrer aparece con el niño resucitado, trompeta angélica y crucifijo, simbolizando su rol apocalíptico.
Su culto, impulsado por Papa Juan Pablo II en visitas a Valencia (1982), destaca figuras como Ferrer por su ejemplo moral y vocacional.8,9 En 2026, sigue vigente en el santoral del 5 de abril.
Legado en la tradición católica
El milagro ejemplifica cómo Dios usa santos para recordar la parusía. Aunque la profecía temporal no se cumplió, su mensaje eterno —conversión y vigilancia— permanece. Fuentes modernas lo citan para meditar el fin humano y cósmico, fieles a la enseñanza de la Iglesia.1,2
Citas
Charles Arminjon. El Fin de este Mundo Presente y los Misterios de la Vida Futura, § 37 (1881). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Charles Arminjon. El Fin de este Mundo Presente y los Misterios de la Vida Futura, § 39 (1881). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
San Vicente Ferrer, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §San Vicente Ferrer (1913). ↩ ↩2 ↩3
B5: San Vicente Ferrer (a. D. 1419), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, § 35 (1990). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
San Derfel Gadarn (¿siglo VI?), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, § 38 (1990). ↩ ↩2
Papa Benedicto XV. Fausto Appetente Die, § 7 (1921). ↩
San Luis Bertrand (a. D. 1581), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, § 76 (1990). ↩
Papa Juan Pablo II. A los obispos de la provincia de Valencia con motivo de su visita ad limina (26 de junio de 1982) – Discurso (1982). ↩ ↩2
Papa Juan Pablo II. 8 de noviembre de 1982: Ordenaciones sacerdotales, Valencia – Homilía, § 1. ↩ ↩2
