La curación de Ana Maccolini en Rímini
Ana Maccolini, mujer de setenta y cuatro años, enfermó en octubre de 1930 de una bronconeumonía gripal que persistió hasta febrero del año siguiente. Hacia mediados de diciembre, la enfermedad quedó complicada por una flebitis que afectó a la pierna y al muslo izquierdos. La inflamación llegó a duplicar el volumen de la extremidad y dejó la pierna prácticamente inmovilizada.
La edad de la enferma y la gravedad de la afección llevaron a los dos médicos que la atendían a emitir un pronóstico muy desfavorable. La documentación del proceso presentó la curación instantánea de una flebitis como un hecho médicamente extraordinario, especialmente por el riesgo de gangrena asociado a la arteriosclerosis en personas de edad avanzada.
Durante la noche de los últimos días de 1930, Maccolini rezó un triduo a don Bosco y colocó sobre la pierna una reliquia del sacerdote salesiano. Según la declaración incorporada al proceso, la curación tuvo lugar de forma inmediata: desaparecieron el dolor y la hinchazón, la pierna recuperó su volumen normal y la enferma volvió a moverla y flexionarla con libertad.
Varios médicos examinaron posteriormente a Maccolini durante un periodo prolongado. Además de los médicos que la atendían, intervinieron peritos designados para el proceso por la entonces Sagrada Congregación de Ritos. Todos coincidieron en la valoración de la enfermedad, en la gravedad del pronóstico y en el carácter extraordinario de la curación.
La curación ocurrió en Rímini y constituyó uno de los dos hechos milagrosos examinados para la canonización de don Bosco. El proceso apostólico correspondiente recibió posteriormente una investigación suplementaria para aclarar algunos aspectos de la documentación médica y testimonial.
La curación de Catalina Pelinga en Turín
Catalina Pelinga, nacida Lanfranchi y esposa de Alejandro Pilenga, padecía una diátesis artrítica con lesiones orgánicas especialmente graves en las rodillas y los pies. La enfermedad comprometía de forma severa el uso de las piernas, aunque no amenazaba directamente su vida. Las terapias iniciadas desde 1903 no habían conseguido una mejoría suficiente.
Pelinga peregrinó dos veces a Lourdes en busca de curación. Después del segundo viaje, realizado a comienzos de mayo de 1931, no obtuvo la curación que esperaba. Antes de abandonar Lourdes, pidió a la Virgen María que, por la devoción que profesaba al beato Juan Bosco, pudiera recibir la gracia mediante su intercesión en Turín.
El 6 de mayo de 1931, al regresar a Italia, acudió a la basílica de María Auxiliadora de Turín, donde se veneraba el cuerpo de don Bosco. Llegó con ayuda de su hermana y del cochero, descendió del vehículo con dificultad y entró en el templo para orar ante la urna del beato. Permaneció arrodillada durante unos veinte minutos. Después se levantó, caminó hasta el altar de la Virgen y volvió a arrodillarse.
La documentación procesal describió la recuperación inmediata de la movilidad. Pelinga, que antes no podía caminar normalmente, comenzó a andar sin ayuda, subió y bajó del coche y pudo utilizar las escaleras sin las limitaciones que había padecido durante años. La curación permaneció estable, y tres peritos médicos confirmaron su continuidad. Los médicos que la habían atendido, los testigos y los peritos oficiales de la Congregación de Ritos reconocieron unánimemente el carácter milagroso del hecho.