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Milagro de San Juan Bosco (Italia)

Los milagros atribuidos a la intercesión de san Juan Bosco en Italia fueron dos curaciones extraordinarias reconocidas oficialmente por la Iglesia durante el proceso de su canonización: la curación de Ana Maccolini, afectada por una flebitis grave, y la de Catalina Pelinga, nacida Lanfranchi, enferma de una artritis crónica incapacitante. Ambos hechos, ocurridos en 1930 y 1931, fueron examinados mediante procesos canónicos y aprobados por el papa Pío XI en 1933.1

San Giovanni Bosco
Ver información de la imagenSan Giovanni Bosco, santo italiano, c. 1887. http://www.santiebeati.it/dettaglio/22600, Carlo Felice Deasti, Dominio Público. 📄
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NombreMilagro de San Juan Bosco (Italia)
CategoríaEvento
DescripciónDos curaciones extraordinarias atribuidas a la intercesión de San Juan Bosco, reconocidas oficialmente por la Iglesia. 1930 y 1931
Autoridad que aprobóPapa Pío XI
ContextoProceso de canonización de San Juan Bosco
Fecha de Aprobación19 de noviembre de 1933
ImportanciaPermitió la canonización de San Juan Bosco en 1934
Importancia HistóricaContribuyó a la difusión del culto salesiano y al reconocimiento de la santidad de Bosco
Personas RelacionadasAna Maccolini; Catalina Pelinga; San Juan Bosco
TipoMilagro, Curación, Curación instantánea de flebitis y artritis crónica
UbicaciónRimini y Turín, Italia

Tabla de contenido

San Juan Bosco y el contexto de las curaciones

Juan Bosco nació el 16 de agosto de 1815 en los Becchi, una aldea cercana a Castelnuovo de Asti, en el Piamonte italiano. Quedó huérfano de padre a los dos años y afrontó una infancia marcada por la pobreza, aunque recibió de su madre, Margarita Occhiena, una sólida formación cristiana. Tras completar sus estudios, recibió la ordenación sacerdotal en Turín el 5 de junio de 1841.2,2

Desde el comienzo de su ministerio, don Bosco dedicó una atención especial a los adolescentes pobres, abandonados o expuestos a la delincuencia. Su experiencia en las cárceles de Turín le llevó a consagrar su vida a la educación cristiana y profesional de la juventud. En 1841 inició el oratorio que acabaría estableciéndose en Valdocco, y más tarde fundó la Sociedad de San Francisco de Sales, conocida como Congregación Salesiana. En 1872, junto con santa María Domenica Mazzarello, fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.2

Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888. Su fama de santidad creció rápidamente después de su muerte, y numerosos fieles acudieron a su sepulcro para honrarle, cumplir promesas piadosas y pedir su intercesión ante Dios. La devoción popular relacionó con él diversas gracias y curaciones, aunque la Iglesia sometió cada caso destinado a una causa de beatificación o canonización a un examen jurídico, histórico, médico y teológico.3

Los dos milagros italianos reconocidos para la canonización

La curación de Ana Maccolini en Rímini

Ana Maccolini, mujer de setenta y cuatro años, enfermó en octubre de 1930 de una bronconeumonía gripal que persistió hasta febrero del año siguiente. Hacia mediados de diciembre, la enfermedad quedó complicada por una flebitis que afectó a la pierna y al muslo izquierdos. La inflamación llegó a duplicar el volumen de la extremidad y dejó la pierna prácticamente inmovilizada.3

La edad de la enferma y la gravedad de la afección llevaron a los dos médicos que la atendían a emitir un pronóstico muy desfavorable. La documentación del proceso presentó la curación instantánea de una flebitis como un hecho médicamente extraordinario, especialmente por el riesgo de gangrena asociado a la arteriosclerosis en personas de edad avanzada.3

Durante la noche de los últimos días de 1930, Maccolini rezó un triduo a don Bosco y colocó sobre la pierna una reliquia del sacerdote salesiano. Según la declaración incorporada al proceso, la curación tuvo lugar de forma inmediata: desaparecieron el dolor y la hinchazón, la pierna recuperó su volumen normal y la enferma volvió a moverla y flexionarla con libertad.3

Varios médicos examinaron posteriormente a Maccolini durante un periodo prolongado. Además de los médicos que la atendían, intervinieron peritos designados para el proceso por la entonces Sagrada Congregación de Ritos. Todos coincidieron en la valoración de la enfermedad, en la gravedad del pronóstico y en el carácter extraordinario de la curación.3

La curación ocurrió en Rímini y constituyó uno de los dos hechos milagrosos examinados para la canonización de don Bosco. El proceso apostólico correspondiente recibió posteriormente una investigación suplementaria para aclarar algunos aspectos de la documentación médica y testimonial.4

La curación de Catalina Pelinga en Turín

Catalina Pelinga, nacida Lanfranchi y esposa de Alejandro Pilenga, padecía una diátesis artrítica con lesiones orgánicas especialmente graves en las rodillas y los pies. La enfermedad comprometía de forma severa el uso de las piernas, aunque no amenazaba directamente su vida. Las terapias iniciadas desde 1903 no habían conseguido una mejoría suficiente.3

Pelinga peregrinó dos veces a Lourdes en busca de curación. Después del segundo viaje, realizado a comienzos de mayo de 1931, no obtuvo la curación que esperaba. Antes de abandonar Lourdes, pidió a la Virgen María que, por la devoción que profesaba al beato Juan Bosco, pudiera recibir la gracia mediante su intercesión en Turín.3

El 6 de mayo de 1931, al regresar a Italia, acudió a la basílica de María Auxiliadora de Turín, donde se veneraba el cuerpo de don Bosco. Llegó con ayuda de su hermana y del cochero, descendió del vehículo con dificultad y entró en el templo para orar ante la urna del beato. Permaneció arrodillada durante unos veinte minutos. Después se levantó, caminó hasta el altar de la Virgen y volvió a arrodillarse.3

La documentación procesal describió la recuperación inmediata de la movilidad. Pelinga, que antes no podía caminar normalmente, comenzó a andar sin ayuda, subió y bajó del coche y pudo utilizar las escaleras sin las limitaciones que había padecido durante años. La curación permaneció estable, y tres peritos médicos confirmaron su continuidad. Los médicos que la habían atendido, los testigos y los peritos oficiales de la Congregación de Ritos reconocieron unánimemente el carácter milagroso del hecho.1

Examen eclesial de los milagros

La Iglesia católica no identifica automáticamente cualquier curación inesperada con un milagro. En una causa de canonización, la autoridad eclesiástica reúne testimonios, historias clínicas y dictámenes médicos; después somete el caso a diferentes instancias de examen. La investigación debe valorar tanto la realidad de la enfermedad como la rapidez, integridad, estabilidad e inexplicabilidad de la curación en relación con los conocimientos médicos disponibles.

La causa de Juan Bosco había comenzado pocos años después de su muerte. La investigación informativa sobre su fama de santidad, su vida, sus virtudes y los milagros fue instruida en la curia eclesiástica de Turín. Pío X firmó el decreto de introducción de la causa el 24 de julio de 1907, y Pío XI declaró en 1927 que don Bosco había practicado en grado heroico las virtudes teologales y cardinales.3

Para la beatificación, la Iglesia aprobó dos curaciones distintas: la de sor Provina Negro, curada de una úlcera gástrica, y la de Teresa Callegari, curada de una poliartritis aguda postinfecciosa y de otras lesiones que la habían llevado a un estado de extrema debilidad. Pío XI aprobó esos milagros el 19 de marzo de 1929 y beatificó a Juan Bosco el 2 de junio del mismo año.3

La causa volvió a examinarse con vistas a la canonización. Al principio se presentaron dos curaciones: una ocurrida en Rímini y otra en Innsbruck. Por motivos jurídicos y procesales, la curación de Innsbruck quedó apartada y la investigación incorporó en su lugar la curación ocurrida en Turín.3

El 19 de noviembre de 1933, Pío XI declaró solemnemente que constaba la curación instantánea y perfecta de Ana Maccolini de una flebitis grave en la extremidad izquierda y de Catalina Pelinga de una enfermedad artrítica crónica grave localizada en las rodillas y los pies. El 3 de diciembre del mismo año, tras el examen de la cuestión sobre la seguridad jurídica de proceder a la canonización, el Papa declaró que podía avanzarse con seguridad hacia la canonización solemne.1,5

Juan Bosco fue canonizado por Pío XI el 1 de abril de 1934 en la basílica de San Pedro del Vaticano. La Santa Sede conserva como fecha litúrgica del santo el 31 de enero, aniversario de su muerte.2

Distinción entre milagro y providencia ordinaria

La teología católica distingue entre el milagro, entendido como un hecho sensible que supera el curso habitual de la naturaleza y que Dios realiza como signo de una realidad sobrenatural, y la providencia ordinaria, mediante la cual Dios sostiene, guía y acompaña continuamente la creación y la vida de cada persona.6

La providencia ordinaria actúa habitualmente a través de causas naturales, decisiones humanas, relaciones personales, tratamientos médicos, acontecimientos históricos y gracias interiores. Muchas respuestas a la oración no adoptan una forma extraordinaria: pueden consistir en fortaleza para afrontar una enfermedad, luz para tomar una decisión, reconciliación familiar o perseverancia en la fe. La ausencia de una curación física no significa, desde la perspectiva cristiana, ausencia de la acción de Dios.

El milagro posee además un carácter de signo. No pretende satisfacer la curiosidad ni convertir al santo en una fuente autónoma de poder. La acción pertenece a Dios, mientras que el santo intercede como amigo de Dios y miembro glorificado de la Iglesia. La curación atribuida a Juan Bosco, por tanto, no presenta al santo como taumaturgo independiente, sino como intercesor ante Dios. Los documentos pontificios expresan esta relación al hablar de curaciones realizadas por Dios mediante la intercesión de su siervo Juan Bosco.3

El significado del milagro también depende de su contexto religioso. La reflexión teológica contemporánea describe el hecho milagroso como una realidad extraordinaria que adquiere sentido dentro del Reino de Dios y que orienta la atención hacia la victoria de la gracia sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte. El milagro no sustituye la fe ni obliga mecánicamente a creer; invita a interpretar el acontecimiento a la luz de Cristo y del Evangelio.7

Valor de los milagros en la canonización

La aprobación de una curación milagrosa no constituye el único fundamento de la santidad de una persona. La Iglesia examina ante todo la vida del candidato, su fidelidad a la fe, el ejercicio heroico de las virtudes o, en otros casos, la realidad del martirio. Los milagros atribuidos a su intercesión actúan como confirmación eclesial de la fama de santidad y de la confianza legítima de los fieles en su intercesión.

La canonización pertenece a un procedimiento jurídico específico de la Santa Sede. Desde la constitución apostólica Divinus perfectionis Magister, promulgada por san Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, las investigaciones diocesanas sobre la vida, las virtudes, la fama de santidad y los milagros corresponden al obispo competente, mientras que el Dicasterio para las Causas de los Santos coordina y examina la causa en el ámbito romano.8,9

Las normas actuales sustituyeron las disposiciones anteriores relativas a las causas de beatificación y canonización, incluidas las normas del Código de Derecho Canónico de 1917 aplicables a esos procesos. Por ello, la investigación histórica de los milagros de Juan Bosco debe situarse en el marco jurídico vigente en las décadas de 1920 y 1930, mientras que las causas contemporáneas siguen la legislación procesal promulgada desde 1983.9

Recepción eclesial y significado pastoral

Los dos milagros italianos contribuyeron a la culminación de la causa de canonización de Juan Bosco, pero el significado pastoral de su figura no depende solo de las curaciones extraordinarias. La Iglesia reconoce en él, sobre todo, a un sacerdote dedicado a la educación de los jóvenes, a la defensa de los más vulnerables y a la formación de cristianos capaces de vivir la fe en la sociedad.

La espiritualidad salesiana interpreta las gracias obtenidas por intercesión de don Bosco en relación con su misión: conducir a los jóvenes hacia Cristo mediante la educación, la alegría, la disciplina interior, la vida sacramental y la confianza en María Auxiliadora. La curación física, cuando Dios la concede, aparece así integrada en una finalidad más amplia de salvación y conversión.

Los milagros aprobados para la canonización no convierten a Juan Bosco en objeto de culto independiente de Dios. La veneración católica de los santos conduce a Cristo, fuente de toda gracia, y reconoce en ellos modelos de vida cristiana e intercesores ante el Señor. La Iglesia propone estos hechos con prudencia, después de un examen formal, y los vincula a la santidad concreta de una persona cuya vida manifestó la caridad cristiana de manera heroica.

Importancia histórica

Las curaciones de Ana Maccolini y Catalina Pelinga pertenecen a la historia de la canonización de Juan Bosco y a la expansión de su culto en Italia. Rímini y Turín ocupan un lugar particular en la documentación del proceso: la primera ciudad quedó vinculada a la curación de Maccolini, mientras que Turín, centro de la obra salesiana y lugar de veneración del cuerpo de don Bosco, quedó vinculada a la curación de Pelinga.

La documentación pontificia de 1933 describió ambas curaciones como instantáneas y perfectas, y las presentó como milagros obrados por Dios mediante la intercesión del beato Juan Bosco. Con la aprobación de estos hechos y la declaración de que podía procederse con seguridad a la canonización, la Iglesia culminó el reconocimiento litúrgico universal de uno de los principales santos educadores de la época contemporánea.1

La tradición católica conserva estos milagros no como relatos aislados de prodigios, sino como signos vinculados a la santidad de un sacerdote que dedicó su vida a la juventud, a la Iglesia y a la confianza en la providencia de Dios.

Citas y referencias

  1. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 9, agosto, 1935, 13 (1935). 2 3 4
  2. Resumen biográfico, El Dicasterio para las Causas de los Santos. Giovanni Bosco (1815-1888) - Biografía, 1 (1934). 2 3 4
  3. Papa Pío XI. Giovanni Bosco (1815-1888) - Homilía, 1 (1934). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero, 1934, 34 (1934).
  5. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, febrero, 1934, 33 (1934).
  6. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 2 (1970).
  7. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 9 (1970).
  8. Congregación para las Causas de los Santos. Nuevas Leyes para las Causas de los Santos, Prefacio (1983).
  9. Instrucción para la realización de investigaciones diocesanas o eparquiales en las causas de los santos, Congregación para las Causas de los Santos. «Sanctorum Mater»: Instrucción para la realización de investigaciones diocesanas o eparquiales en las causas de los santos, Instrucción para la realización de investigaciones diocesanas o eparquiales en las causas de los santos (2007). 2
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