San Pío de Pietrelcina (1887-1968), nacido en Pietrelcina, Italia, fue un fraile capuchino que vivió una existencia marcada por fenómenos místicos, como las estigmas que recibió en 1918, reproduciendo las llagas de Cristo crucificado. Su vida atrajo multitudes a San Giovanni Rotondo, donde ejerció su ministerio sacerdotal, confesiones y dirección espiritual.1,2 La beatificación del Venerable Siervo de Dios Pío da Pietrelcina tuvo lugar el 2 de mayo de 1999, durante una solemne concelebración eucarística en la plaza de San Pedro, presidida por el papa Juan Pablo II, quien estableció el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.3,4
Juan Pablo II resaltó en su homilía cómo la vida de Padre Pío fue un constante ejercicio de fe, fortalecido por la esperanza del Cielo y una ascesis rigurosa que lo identificó con el Divino Maestro. Los fieles que acudían a él veían en su figura una imagen viva de Cristo sofferente y resucitado, con su rostro reflejando la luz de la Resurrección y su cuerpo marcado por las llagas evidenciando el misterio pascual.1,2

