Milagro del cojo de Calanda (España)
El Milagro del cojo de Calanda es una devoción católica profundamente arraigada en la tradición popular de Calanda, un municipio de la provincia de Teruel en Aragón, España. Esta celebración conmemora la curación milagrosa de un hombre cojo acaecida en el siglo XVI, atribuida a la intercesión divina, y se festeja cada año el 12 de agosto, día de San Antonio de Padua, patrono invocado para las sanaciones. La festividad combina elementos litúrgicos, procesiones y recreaciones históricas, atrayendo a miles de peregrinos que buscan renovar su fe en el poder de la oración y los milagros, en un evento que refuerza la identidad comunitaria y el legado espiritual de la región.
Tabla de contenido
Antecedentes históricos
La tradición del Milagro del cojo de Calanda se remonta al siglo XVI, un período marcado por una viva piedad popular en Aragón, donde las manifestaciones de la fe se entrelazaban con la vida cotidiana. Según la tradición local, el prodigio tuvo lugar en 1584, cuando un hombre llamado Pedro sufría un dolor repentino e inexplicable en su pierna mientras caminaba por las calles de Calanda. Tras ser llevado a la iglesia parroquial, el sacerdote imploró la misericordia divina, y el afectado experimentó una curación instantánea, recuperando por completo la funcionalidad de su miembro.
Este suceso no fue aislado en el contexto católico de la época, donde los milagros de sanación evocaban los relatos evangélicos y apostólicos. Por ejemplo, en los Hechos de los Apóstoles, San Pedro cura a un cojo de nacimiento en la puerta del Templo, un milagro que conmocionó a la multitud y confirmó la autoridad de la Iglesia naciente.1,2,3 De manera similar, el caso de Calanda subraya cómo la fe en el nombre de Cristo puede restaurar lo que la medicina considera imposible, como enfermedades congénitas o crónicas.3
Dos años después, en 1586, el clero local reconoció oficialmente el milagro, erigiendo un pequeño santuario en la plaza principal como testimonio perdurable. A lo largo de los siglos, especialmente desde los años 1900, la devoción ha crecido hasta convertirse en un referente de peregrinación, integrándose en la red de rutas marianas y antonianas de España. Aunque no cuenta con una declaración formal de milagro por la Santa Sede —similar a otros prodigios locales que se sustentan en la tradición oral y documental parroquial—, su persistencia refleja la confianza de los fieles en la providencia divina.4,5,6
| Año | Evento principal |
|---|---|
| 1584 | Curación milagrosa de Pedro en la iglesia local. |
| 1586 | Reconocimiento oficial por el clero y erección de un santuario. |
| 1900-presente | Crecimiento de la celebración anual como peregrinación masiva. |
Descripción del milagro
El relato tradicional describe a Pedro como un hombre común de Calanda, cuya pierna se vio súbitamente incapacitada, impidiéndole caminar. La intervención se produjo en el seno de la parroquia, donde la oración colectiva invocó la gracia divina. La restauración completa de la extremidad —de lame a sana en un instante— se presentó como signo de la omnipotencia de Dios, comparable a las curaciones obradas por santos como Gerardo Majella, quien sanó a una niña lisiada desde el nacimiento mediante un gesto de fe.7
Este tipo de milagros, aunque extraordinarios, forman parte de la economía de la salvación, donde Dios actúa a través de sus siervos para confirmar la verdad de la fe. Como señala San Juan Crisóstomo en su homilía sobre los Hechos, tales signos no son meros espectáculos, sino confirmaciones para los creyentes y llamados a la conversión para los incrédulos.3 En Calanda, el prodigio se interpreta como un eco de estos eventos primordiales, adaptado al contexto aragonés.
La celebración anual
La festividad del 12 de agosto transforma Calanda en un centro de fervor católico, fusionando liturgia solemne con expresiones populares. La programación se inicia con una procesión desde la parroquia de San Antonio, donde la imagen del santo es portada en andas por los fieles, acompañados de bandas musicales y autoridades eclesiásticas. El cortejo recorre las calles principales hasta la Plaza de la Iglesia, epicentro de las actividades.
Posteriormente, se celebra una Misa solemne en el templo, seguida de una Misa de sanación al aire libre. Durante esta, el sacerdote proclama la Letanía de San Antonio y eleva oraciones por los enfermos, especialmente aquellos con discapacidades físicas, evocando la compasión evangélica hacia los lisiados.8
Un momento culminante es la recreación del milagro, en la que un actor local interpreta al cojo histórico. Colocado en la plaza, recibe un rosario del sacerdote mientras la multitud entona himnos, simbolizando la fe que precede al prodigio.
La ceremonia de sanación involucra la bendición de una piedra asociada al lugar original del milagro. Los participantes la tocan o aplican sobre sus piernas, gesto de esperanza y confianza en la intercesión celestial.
Finalmente, las fiestas populares incluyen ferias gastronómicas con platos típicos como las migas aragonesas y el jamón de Teruel, danzas tradicionales y música, fomentando la alegría comunitaria tras la oración.
Procesión desde la parroquia de San Antonio.
Misasi y oraciones por los enfermos.
Bendición de la piedra sanadora.
Fiestas con gastronomía y bailes.
Significado cultural y espiritual
Más allá de lo ritual, el Milagro del cojo de Calanda encarna valores católicos esenciales: fe, esperanza y resiliencia. En un mundo escéptico ante lo sobrenatural, esta devoción recuerda que los milagros no contradicen la naturaleza, sino que la elevan, como argumenta la tradición teológica frente a objeciones racionalistas.9 Refuerza la identidad de Calanda como pueblo de fe, uniendo generaciones en torno a un legado que trasciende lo histórico.
Espiritualmente, invita a la peregrinación interior: del sufrimiento a la sanación por la gracia. Se inscribe en la tradición de milagros eucarísticos y marianos de Aragón, complementando devociones como la Virgen del Pilar en Zaragoza. Su arraigo popular, documentado en archivos parroquiales, subraya la importancia de los registros eclesiásticos para preservar la memoria sagrada.5,6
Peregrinación y visita práctica
Calanda acoge a peregrinos de toda España y Europa, accesible por carretera (3 horas desde Madrid, 1 hora desde Zaragoza) o tren con autobús local. La fecha clave es el 12 de agosto, aunque actos devocionales se extienden al verano.
| Aspecto | Detalles |
|---|---|
| Ubicación | Calanda, Teruel, Aragón. |
| Fecha | 12 de agosto. |
| Acceso | Coche: A-23; Tren: Zaragoza-Teruel-Calanda. |
| Alojamiento | Hoteles y casas rurales locales. |
| Recomendaciones | Zapatos cómodos, rosario, ofrenda voluntaria. |
Para profundizar, consulta el sitio web de la parroquia local o la oficina de turismo aragonesa, que ofrecen guías detalladas.
Este evento no solo preserva una tradición viva, sino que testimonia cómo la Iglesia católica integra lo histórico y lo sobrenatural en la vida de los fieles, invitando a todos a experimentar la misericordia divina.
Citas
Pamphilus. Una exposición de los capítulos de los Hechos de los Apóstoles, §D. ↩
Capítulo XXII, Roberto Bellarmino. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), § 697 (1586). ↩
Hechos III. 1, Juan Crisóstomo. Homilía 8 sobre los Hechos de los Apóstoles. ↩ ↩2 ↩3
Anales eclesiásticos, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Anales eclesiásticos (1913). ↩
Archivos eclesiásticos, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Archivos eclesiásticos (1913). ↩ ↩2
Registros parroquiales, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Registros parroquiales (1913). ↩ ↩2
Antonio María Tannoja. Las vidas de los compañeros de San Alfonso Liguori, § 440 (1849). ↩
Armonización de Mateo con los otros evangelios, hasta la última cena - Sobre la ocasión en que alimentó a las multitudes con los siete panes, y sobre la cuestión de la armonía entre Mateo y Marcos en sus relatos de ese milagro, Agustín de Hipona. La armonía de los evangelios, §Libro II. Capítulo 50. 104 (400). ↩
Milagros de segunda mano: historiografía y testimonio de los testigos, Anselm Ramelow, O.P. No es un milagro: nuestro conocimiento de los signos y prodigios de Dios, § 9 (2016). ↩
