Vida y apostolado del santo
Juan Bosco, conocido como Don Bosco, nació en 1815 en los Piedmonteses, Italia, y dedicó su existencia a la educación de los jóvenes pobres y abandonados. Fundó la Congregación de los Salesianos en 1859, junto con otros compañeros, y más tarde las Hijas de María Auxiliadora en 1872, extendiendo su obra por Europa y América.1 Su método educativo, basado en la razón, religión y amabilidad, transformó la atención a la juventud en una misión evangélica, atrayendo miles de vocaciones.
Su labor incluyó la construcción de iglesias, como la dedicada a San Juan Evangelista en Turín, y misiones en Patagonia. Don Bosco era visto como un santo en vida, con dones proféticos y milagrosos, y su devoción al Sagrado Corazón y a María Auxiliadora marcó su espiritualidad.2
Muerte y veneración inmediata
Don Bosco falleció el 31 de enero de 1888 en Turín, tras una vida de agotador trabajo. Su muerte fue precedida por una profecía sobre la consagración de la Basílica de María Auxiliadora, que se cumplió poco antes. Cuarenta mil personas visitaron su cuerpo expuesto en la iglesia, y su funeral fue un triunfo popular, con toda la ciudad rindiéndole honores.2 Este fervor inicial anticipa los prodigios postmortem, incluyendo el estado de su corazón.
