Juventud y conversión inicial de Francisco
San Francisco de Asís (1181/1182-1226), nacido en una familia acomodada de Asís —su padre era un próspero comerciante de telas—, llevó una juventud despreocupada, marcada por los ideales caballerescas de la época. Participó en una campaña militar alrededor de los 20 años, donde fue hecho prisionero y cayó enfermo, lo que precipitó su regreso a Asís y el comienzo de un lento proceso de conversión espiritual.1,2
Este período de transformación incluyó episodios clave, como el encuentro con un leproso al que Francisco besó ofreciéndole la paz, un gesto que venció su repugnancia inicial y simbolizó su entrega a los marginados. Fue en este contexto de abandono gradual de la vida mundana cuando Francisco comenzó a frecuentar las pequeñas iglesias en ruinas de los alrededores de Asís, impulsado por una profunda oración y búsqueda de la voluntad divina.1,3
La iglesia de San Damián antes del milagro
La iglesia de San Damián, situada en las afueras de Asís, era un humilde oratorio semiderruido en el siglo XIII, reflejo del estado de abandono espiritual y material de muchas parroquias en la región. Este templo, dedicado a Santa María, albergaba un crucifijo bizantino del siglo XII, pintado sobre madera de nogal, que representaba a Cristo vivo y rodeado de la Virgen María y los santos Juan Evangelista y María Magdalena. Francisco, atraído por su atmósfera de recogimiento, la visitaba con frecuencia para meditar y restaurar físicamente el edificio.3
