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Milagro del sol de Fátima (Portugal)

Milagro del sol de Fátima (Portugal)
Fátima. Dominio público.

El Milagro del sol de Fátima fue un fenómeno extraordinario presenciado por decenas de miles de personas el 13 de octubre de 1917 en la Cova da Iria, cerca de Fátima, en Portugal. Ocurrido al final de una serie de apariciones marianas reportadas por tres niños pastores —Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto—, este evento fue predicho con antelación por los videntes y reconocido posteriormente por la Iglesia católica como un signo sobrenatural que confirma la autenticidad de las apariciones de la Virgen María. Conocido también como la «danza del sol», implicó movimientos aparentes del astro solar, cambios de color y un descenso amenazante hacia la tierra, seguido de un repentino secado de la lluvia y el barro. Su impacto ha perdurado, fomentando una devoción global a Nuestra Señora del Rosario de Fátima y subrayando mensajes de oración, penitencia y conversión.1,2

Tabla de contenido

Contexto histórico de las apariciones

Las apariciones de Fátima se enmarcan en el Portugal de principios del siglo XX, un país marcado por tensiones políticas y anticlericales tras la implantación de la Primera República en 1910. En este entorno hostil hacia la Iglesia, donde se persiguían manifestaciones religiosas públicas, tres niños humildes —Lucía dos Santos (de 10 años), Francisco Marto (9 años) y Jacinta Marto (7 años)— afirmaron haber recibido visitas de la Virgen María entre mayo y octubre de 1917.

Estas apariciones comenzaron el 13 de mayo de 1917, cuando los niños pastoreaban ovejas en la Cova da Iria, un lugar rural cerca de la aldea de Fátima. La Virgen, presentándose como Nuestra Señora del Rosario, les transmitió mensajes centrados en la oración del rosario, la penitencia por los pecados y la devoción a su Inmaculado Corazón. Las manifestaciones se repitieron mensualmente el día 13, atrayendo progresivamente a multitudes de fieles pese a las prohibiciones gubernamentales y la incredulidad inicial de las autoridades locales.3

Los videntes y su entorno familiar

Francisco y Jacinta Marto, hermanos entre sí, y Lucía dos Santos pertenecían a familias campesinas devotas. Su vida sencilla y su coherencia en los testimonios —incluso bajo interrogatorios y amenazas— contribuyeron a la credibilidad de los hechos. Jacinta, en particular, mostró una profunda espiritualidad, recibiendo los sacramentos poco antes de su muerte en 1920 a causa de la gripe española.4 Lucía, la mayor, sería la única superviviente adulta y escribiría memorias detalladas que la Iglesia utilizó para discernir los eventos.

Predicción del milagro

Un elemento clave del Milagro del sol es su anuncio previo. Durante la aparición del 13 de julio de 1917, la Virgen prometió a los niños un signo visible para confirmar la veracidad de sus palabras: «En octubre… vendrá San José con el Niño Jesús, para dar la paz al mundo. […] Dirán que causo las nubes del sol y lo hará descender hasta el suelo, abrasando la tierra con sus rayos».2

Esta profecía se difundió rápidamente por la región, atrayendo a unas 70.000 personas el 13 de octubre, incluyendo escépticos, periodistas y clérigos. La predicción no solo especificaba la fecha, sino también fenómenos celestes observables por todos, lo que distingue este milagro de experiencias subjetivas.1,2

Descripción del evento del 13 de octubre de 1917

La mañana del 13 de octubre amaneció lluviosa, con un gentío empapado apiñado en la Cova da Iria. Hacia las 12:00, tras las oraciones del rosario guiadas por los niños, Lucía exclamó que la Virgen estaba presente y que todos miraran al sol.

El fenómeno observado

Los testigos describieron un disco solar que emergió entre las nubes grises, girando sobre sí mismo a gran velocidad como un «molino de fuego». Emitía rayos multicolores —azules, rojos, verdes, amarillos— que teñían la multitud y el paisaje. Posteriormente, el sol pareció «bailar» o zigzaguear, descendiendo en espiral hacia la tierra como si fuera a impactar, provocando pánico generalizado. Finalmente, regresó a su posición normal, y el suelo, antes embarrado por la lluvia, se secó instantáneamente, al igual que la ropa de los presentes.2

Este suceso duró unos 10 minutos y fue visible desde varios kilómetros a la redonda, incluso por personas ajenas al lugar que no habían asistido por motivos personales.

Testimonios oculares

Miles de relatos independientes corroboran el evento. Periodistas como Avelino de Almeida (O Século, anticlerical) escribieron: «El sol tembló, hizo cabriolas espantosas, fuera de todo orden cósmico». Otros, desde Lisboa o distantes colinas, confirmaron el fenómeno, descartando sugestión colectiva o alucinación masiva debido a la dispersión geográfica de los observadores.2

La consistencia de los testimonios —incluyendo fotógrafos que captaron anomalías en sus placas— y la falta de motivación fraudulenta en testigos de diversa procedencia fortalecen su validez. Incluso bajo escrutinio, los niños mantuvieron su versión sin contradicciones.5,2

Reconocimiento eclesial

La Iglesia católica investigó los hechos meticulosamente. En 1930, el obispo de Leiria-Fátima, José Alves Correia da Silva, aprobó las apariciones como «dignas de crédito». Papas sucesivos han reforzado esta posición:

En 2017, el Vaticano conmemoró el centenario, reafirmando su autenticidad.

Significado teológico y mensajes asociados

El milagro no fue un fin en sí mismo, sino un sello a los mensajes de Fátima: conversión, reparación de pecados mediante el rosario y sacrificios, y devoción al Corazón Inmaculado de María. Como profecía cumplida, evidencia la intervención divina, recordando que Dios «está cerca de quien tiene el corazón herido».3,2

El tercer secreto, revelado en 2000, alude a persecuciones eclesiales, pero enfatiza la oración como camino de salvación, no apocalipsis sensacionalista.5,3

Investigaciones científicas y explicaciones alternativas

Aunque algunos atribuyen el fenómeno a fenómenos naturales como parélidos o fatiga visual colectiva, estos no explican la predicción previa, la uniformidad de testimonios independientes ni el secado instantáneo del suelo. Expertos como el dominico Anselm Ramelow argumentan que negar el milagro requeriría coincidencias más improbables que aceptarlo como sobrenatural, dada la multiplicidad de testigos y su dispersión.2

La Iglesia no exige fe en el milagro como dogma, pero lo presenta como signo probable de gracia divina.

Legado y devoción actual

Fátima se ha convertido en uno de los mayores santuarios marianos, recibiendo millones de peregrinos anuales. El Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima alberga las capillas de las apariciones y las tumbas de los beatos Francisco y Jacinta (canonizados en 2017 por Francisco). El milagro inspira mensajes papales sobre paz y conversión en tiempos modernos.1

En España y el mundo hispano, fomenta procesiones y novenas, vinculándose a advocaciones como Guadalupe.8

Citas

  1. Mensaje del Papa Juan Pablo II al obispo de Leiria‑Fátima por el 80.º aniversario de las apariciones de Fátima, Papa Juan Pablo II. Mensaje al Obispo de Leiria‑Fátima con motivo del 80.º aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Fátima (1 de octubre de 1997), §Mensaje al Obispo de Leiria‑Fátima con motivo del 80.º aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Fátima (1 de octubre de 1997) (1997). 2 3

  2. Anselm Ramelow, O.P. No es un milagro: nuestro conocimiento de los signos y prodigios de Dios, § 14 (2016). 2 3 4 5 6 7 8

  3. Anuncio realizado por el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, Congregación para la Doctrina de la Fe. El Mensaje de Fátima. 2 3 4

  4. Vita, el Dicasterio para las Causas de los Santos. Francisco y Jacinta Marto (1908‑1919) – Biografía.

  5. Papa Benedicto XVI. Presentación del libro escrito por el Cardenal Tarcisio Bertone titulado «El último vidente de Fátima» (22 de febrero de 2007) (2007). 2 3

  6. Papa Pablo VI. A un grupo de peregrinos (2 de junio de 1967) – Discurso.

  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 19 de mayo de 1982 (1982).

  8. Papa Pío XII. Mensaje radial a los fieles mexicanos con motivo del 50.º aniversario de la coronación canónica de la Virgen de Guadalupe (12 de octubre de 1945) – Discurso (1945).