En el siglo XIII, la devoción eucarística experimentaba un auge en Europa, impulsada por visiones y revelaciones como las de santa Juliana de Cornillón, quien promovió la idea de una fiesta dedicada al Santísimo Sacramento.1 El papa Urbano IV, residente en Orvieto desde 1262, se encontraba en un contexto de tensiones políticas y espirituales. Orvieto, antigua ciudad etrusca situada sobre una meseta de toba volcánica cerca del lago Bolsena, servía frecuentemente de refugio papal debido a su posición estratégica.2
Bolsena, cercana a Orvieto y antigua Volsinii, era un lugar de rica tradición cristiana, con restos de catacumbas y menciones a mártires como santa Cristina. El milagro se enmarca en un período de debates teológicos sobre la transubstanciación, doctrina definida en el IV Concilio Lateranense (1215), donde se afirma que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo.2

