Contexto de Daroca en la Edad Media
Daroca, situada en la provincia de Zaragoza, fue un enclave estratégico en la Reconquista española. En el siglo XIII, bajo el reinado de Jaime I el Conquistador, la villa experimentó un auge religioso tras la consolidación cristiana en Aragón. La Colegial de Santa María la Mayor, fundada en 1236, se convirtió en centro de la vida espiritual, albergando reliquias y fomentando cultos eucarísticos en un periodo marcado por herejías como la cátara y la necesidad de afirmar la ortodoxia sacramental.1
La diócesis cercana de Teruel, con influencias mudéjares en sus templos como las torres árabes de San Martín y El Salvador, reflejaba la fusión cultural post-Reconquista. Aunque no directamente vinculada, esta zona compartía devociones similares, con restauraciones en iglesias que preservaban arte sacro, incluyendo bordados litúrgicos de origen inglés (opus anglicanum) llegados a Daroca.2,1
Devoción eucarística en la península ibérica
En la España medieval, milagros eucarísticos proliferaron para contrarrestar dudas sobre la Presencia Real. Eventos como el de Bolsena (1263), que inspiró la fiesta de Corpus Christi, prepararon el terreno. En Aragón, la tradición vinculaba la Eucaristía con la agricultura y la providencia divina, como evocaba Juan Pablo II al exaltar el pan y el vino como «fruto de la tierra y obra de manos humanas» transformados en Cuerpo y Sangre de Cristo.3
