Douai, situada a orillas del río Escarpa y a unos treinta kilómetros al sur de Lille, fue una próspera ciudad medieval fortificada, cuyo desarrollo se remonta al siglo XII, como atestigua la iglesia de Notre-Dame. En el contexto del siglo XIII, Europa vivía un auge de devoción eucarística, impulsado por el IV Concilio Lateranense (1215), que definió la doctrina de la transubstanciación. Este periodo vio numerosos relatos de milagros eucarísticos, como hosts que sangraban o permanecían incorruptas pese a profanaciones, interpretados por la Iglesia como confirmaciones sobrenaturales de la fe en el Sacramento.1
La ciudad de Douai, bajo influencia del condado de Flandes, era un centro de fervor católico. Su universidad, fundada en 1559 por Felipe II de España con bula papal, consolidaría más tarde su rol como baluarte de la ortodoxia frente a la Reforma, aunque el milagro de 1254 precede a este establecimiento académico.2 En este ambiente, el Martes de Pascua de 1254 —octava de la Resurrección— se produjo el prodigio durante una celebración litúrgica ordinaria.
