Faverney y la devoción eucarística
Faverney albergaba una abadía benedictina que, en los comienzos del siglo XVII, participaba de la intensa renovación de la vida católica posterior al Concilio de Trento. La piedad eucarística ocupaba entonces un lugar central en la vida litúrgica, especialmente mediante la celebración solemne del Corpus Christi, la reserva del Santísimo Sacramento y la adoración ante la custodia.
El milagro tuvo lugar precisamente durante una exposición eucarística. Esta práctica presenta la hostia consagrada a la veneración pública de los fieles, normalmente dentro de una custodia. La Iglesia vincula dicha veneración a la permanencia de la presencia sustancial de Cristo mientras subsisten las especies sacramentales del pan y del vino.2
La Eucaristía y la Presencia Real
La doctrina católica enseña que Cristo está presente en la Eucaristía de manera verdadera, real y sustancial. La expresión Presencia Real no pretende negar otras formas auténticas de presencia de Cristo, sino afirmar que en el sacramento está presente Cristo entero, Dios y hombre, de modo sustancial. Por ello, la presencia eucarística no puede reducirse a un mero símbolo de la unión espiritual entre Cristo y los fieles.3
La teología escolástica explica esta presencia mediante la conversión sacramental: bajo las especies visibles del pan permanece la apariencia sensible del pan, pero está presente sustancialmente el Cuerpo de Cristo; por concomitancia, también están presentes su Sangre, su Alma y su Divinidad. La misma lógica se aplica a la especie del vino.4
