Florencia en la Baja Edad Media
Durante los siglos XIII y XIV, Florencia vivió un intenso desarrollo económico, artístico y religioso. La ciudad contaba con numerosas comunidades religiosas, cofradías y movimientos de espiritualidad vinculados a la Eucaristía, a la Pasión de Cristo y a la devoción mariana.
La Iglesia florentina estuvo estrechamente relacionada con varias figuras relevantes de la vida eclesial medieval. Entre sus arzobispos destacó san Antonino de Florencia, dominico y arzobispo desde 1446 hasta su muerte en 1459. La diócesis también estuvo vinculada a diversos santos y beatos, entre ellos santa María Magdalena de Pazzi, santa Catalina de Ricci y la propia santa Juliana Falconieri.1
La devoción eucarística recibió un impulso particular durante este periodo. En 1264, el papa Urbano IV instituyó para la Iglesia universal la solemnidad del Corpus Christi, después de las iniciativas promovidas por santa Juliana de Cornillon. El pontífice mandó celebrar la solemnidad con especial honor para confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.2
Santa Juliana Falconieri
Juliana Falconieri nació en Florencia hacia 1270 en el seno de una familia acomodada. Su tío, san Alejo Falconieri, perteneció al grupo de los siete fundadores de la Orden de los Siervos de María. La joven Juliana rechazó el matrimonio y adoptó una vida de oración, penitencia y servicio a los pobres.
Con el tiempo, otras mujeres florentinas adoptaron una forma de vida semejante y vistieron el amplio manto oscuro propio de los Siervos de María. Estas religiosas recibieron popularmente el nombre de Mantellate. Su existencia combinaba la contemplación, la penitencia y la asistencia caritativa.3
La tradición de la Orden presenta a Juliana como una mujer profundamente dedicada a la Eucaristía. La biografía difundida por el Dicasterio para las Causas de los Santos relata que sufrió durante años graves dolores de estómago y que, al final de su vida, apenas podía ingerir alimento.3



