Florencia en el siglo XIV
Florencia, en la Toscana, era un centro próspero de comercio y cultura durante la Baja Edad Media, pero también escenario de tensiones políticas entre güelfos y gibelinos, así como de epidemias como la Peste Negra de 1348. En este ambiente, la devoción eucarística cobraba especial relevancia como refugio espiritual para la población.1
La orden de los Siervos de María (Servitas), fundada en 1233, tenía una presencia notable en la ciudad. Su prior, el beato Alessio Falconieri (uno de los Siete Fundadores canonizados en 1888), era conocido por su piedad y milagros atribuidos a su intercesión. El milagro ocurrió en un momento de duda teológica sobre la transubstanciación, doctrina definida en el Concilio de Letrán IV (1215).2

