Montepulciano, situada en la provincia de Siena, en la región de Toscana (Italia), es una villa medieval famosa por su patrimonio cultural y religioso. En el siglo XVI, la localidad ya contaba con una rica tradición devocional, impulsada por figuras como santa Inés de Montepulciano (1268-1317), fundadora del convento dominico local y canonizada en 1726.2 Este entorno de fervor eucarístico preparó el terreno para el milagro de 1578.
La iglesia de San Francesco d’Assisi, construida en el siglo XIII por los franciscanos, era el centro parroquial donde tuvo lugar el prodigio. En aquella época, la Contrarreforma impulsaba una mayor devoción a los sacramentos, y los milagros eucarísticos servían como confirmación visible de la doctrina católica sobre la transustanciación, afirmada en el Concilio de Trento (1545-1563).1
