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Milagro eucarístico de Offida (Italia)

El milagro eucarístico de Offida es un prodigio transmitido por la tradición católica según el cual una hostia consagrada, arrojada al fuego en la ciudad abruzzesa de Lanciano en el año 1273, se transformó en carne sangrante y se conservó incorrupta. Sus reliquias se veneran desde 1280 en la iglesia de San Agustín de Offida (Ascoli Piceno, Marcas, Italia). Aunque el hecho se sitúa en Lanciano, el acontecimiento recibe el nombre de la ciudad que custodia los restos y que ha sostenido su culto durante más de siete siglos.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMilagro eucarístico de Offida (Italia)
CategoríaEvento
DescripciónHostia consagrada arrojada al fuego en 1273 que se transformó en carne sangrante y se conserva en Offida
Fecha de Fundación1280
Año1273
Contexto HistóricoSiglo XIII, auge de la afirmación de la presencia real y extensión del Corpus Christi.
DiócesisAscoli Piceno
Doctrinas RelacionadasTransubstanciación, presencia real, culto de latría, sacrilegio
Eventos RelacionadosConcilio Lateranense IV, Concilio de Trento
Fecha de Celebración3 de mayo
Fecha de Inicio1273
Festividad3 de mayo
HistoriaSucedió en Lanciano en 1273 y las reliquias fueron trasladadas a Offida en 1280 por fray Giacomo Diotallevi.
Importancia EclesialSigno de piedad que remite a la presencia real de Cristo en la Eucaristía y a la misericordia.
PaísItalia
TemaEucaristía, superstición, hechicería, penitencia, misericordia
TestigosRicciarella y Giacomo Stasio
TipoMilagro, Hostia transformada en carne sangrante, coppo (teja) y tovaglia (lienzo), Marcas
Ubicación
  • Offida
  • Iglesia de San Agustín de Offida
  • Offida

Tabla de contenido

La Iglesia no propone este suceso como verdad de fe. Lo recibe como un signo de piedad que remite al misterio central de la Eucaristía: la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo bajo las especies de pan y vino.2

Lugar y denominación

Offida

Offida es una localidad de las Marcas perteneciente a la diócesis de Ascoli Piceno. En ella se encuentra el antiguo convento agustiniano de San Agustín, cuya iglesia, iniciada en 1338 y completada en 1441, alberga el santuario eucarístico.3

El lugar recibe hoy el nombre de Santuario Diocesano del Milagro Eucarístico.4

Lanciano

Lanciano, en los Abruzos, es una ciudad conocida por otro milagro eucarístico de tradición mucho más antigua. Por ese motivo, el suceso de 1273 se denomina también segundo milagro eucarístico de Lanciano. La memoria popular lo recuerda en dialecto con la expresión lu Frijacriste, y a los habitantes de la ciudad se les llama frijacriste a causa de este episodio.5

Contexto histórico y teológico

El siglo XIII eucarístico

El Concilio Lateranense IV (1215) enseñó que el cuerpo y la sangre de Cristo están verdaderamente contenidos en el sacramento del altar bajo las especies de pan y vino, convertidos el pan en el cuerpo y el vino en la sangre por el poder de Dios.6

El mismo concilio ordenó que todo fiel que hubiera llegado a la edad de discreción confesara sus pecados al menos una vez al año a su propio sacerdote y recibiera la Eucaristía al menos por Pascua.7

En 1264, Urbano IV extendió a toda la Iglesia la solemnidad del Corpus Christi mediante la bula Transiturus de hoc mundo, firmada en Orvieto.8 Pablo VI recordó esta institución en Orvieto, con ocasión de su séptimo centenario, y la vinculó al prodigio de Bolsena ocurrido en 1263.9

El milagro de Offida pertenece, por tanto, a un ambiente en el que el Magisterio afirmaba con solemnidad la presencia real de Cristo y el pueblo cristiano la vivía con intensidad creciente.

Lanciano en 1273

Según el texto tradicional del relato, los protagonistas vivían en Lanciano, que formaba entonces parte del «reino de Apulia».10 La narración se conserva en una copia de un pergamino medieval y en numerosas obras posteriores de devoción e historia local.1

El relato tradicional

Ricciarella y la hechicera

Según la narración tradicional, vivían en Lanciano Giacomo Stasio y su esposa Ricciarella. El matrimonio atravesaba una grave discordia, y Ricciarella, deseosa de recuperar el afecto de su marido, acudió a una hechicera.1,5

La hechicera le aconsejó que recibiera la comunión sin consumir la hostia, que la llevara a casa y que la redujera a polvo al fuego para mezclarlo con los alimentos de su marido. Ricciarella, tras reflexionar largamente, se dejó persuadir.3

La hostia en el fuego

Ricciarella recibió la comunión, retiró la hostia de su boca sin consumirla y la llevó a su casa. Allí la colocó sobre un coppo, una teja o pieza de barro cocido, puesto sobre el fuego.3

En lugar de reducirse a polvo, la hostia se convirtió en carne de la que brotó abundante sangre.1 Aterrada, la mujer intentó detener el prodigio arrojando ceniza sobre la teja, pero la sangre manaba con mayor abundancia. Finalmente envolvió el coppo y la hostia en un lienzo.1,5

El ocultamiento y los signos del establo

Ricciarella ocultó el lienzo bajo el estiércol del establo de la casa.5 Las narraciones refieren que el animal del marido se negaba a entrar en el establo y se arrodillaba o se postraba, como en actitud de adoración, ante el lugar donde estaba oculta la hostia.1,5

Giacomo no comprendía lo que sucedía. Atribuyó la conducta del animal a un maleficio de su esposa y la maltrató. En el santuario de Offida se conservan lienzos que representan estas escenas, entre ellas la de Ricciarella golpeada por su marido y la de los animales en adoración.1

La confesión y el hallazgo

Durante siete años, Ricciarella vivió atormentada por el remordimiento. Finalmente confesó su sacrilegio al prior del convento agustiniano de Lanciano, fray Giacomo Diotallevi, natural de Offida.1,5

El fraile acudió al establo y encontró la hostia, el coppo y el lienzo intactos, a pesar del estiércol que los cubría.5

El traslado a Offida

En 1280, fray Giacomo llevó las reliquias a Offida, su ciudad natal.1,5 El texto de la tradición local refiere que mostró la reliquia al prior del convento, fray Michele Mallicani, y a los ciudadanos más ilustres. Reunida la plata necesaria, el pueblo pidió a fray Michele que viajara a Venecia para encargar una cruz artística en la que colocar la hostia transformada junto con fragmentos de la Santa Cruz.10

La tradición añade dos episodios relacionados con ese viaje. El primero narra que el orfebre veneciano enfermó gravemente al tocar el coppo; el fraile le preguntó si estaba en pecado mortal, el orfebre reconoció su culpa y recobró inmediatamente la salud. El segundo cuenta que el dogo de Venecia, informado de la existencia de la reliquia, hizo perseguir con sus galeras la embarcación del fraile, pero una providencial tempestad detuvo a los perseguidores.5

El santuario conserva también un lienzo que representa el viaje de Venecia a Offida.1

Variantes del relato

Las distintas versiones del relato presentan diferencias en algunos detalles. Entre ellas destacan:

  • El animal que se postra ante el lugar del ocultamiento aparece como mula, asno o caballo.
  • El marido figura como mercader acomodado o como carretero.
  • El tiempo transcurrido entre el sacrilegio y la confesión se fija comúnmente en siete años, aunque alguna versión divulgativa habla de pocos días.
  • El recipiente colocado al fuego se describe como teja, coppo o pieza de barro.

Alguna versión identifica a la hechicera como judía.5 Ese dato no pertenece a lo esencial del relato y no puede servir para atribuir culpa colectiva alguna. La Iglesia deplora los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo, de cualquier época y por parte de cualquier persona.11

En el núcleo del relato, quien comete el sacrilegio es una fiel bautizada. El centro de la narración no es la acusación de otros, sino el arrepentimiento de quien ha pecado.

Fuentes y testimonios documentales

El pergamino y su copia notarial

La tradición descansa en un pergamino del siglo XIII cuyo original no se conserva. Subsiste una copia auténtica realizada por el notario Giovanni Battista Doria en 1788.1

Documentos pontificios y locales

La Conferencia Episcopal Italiana recoge, junto al pergamino, un conjunto de documentos que atestiguan el culto ininterrumpido del milagro:

  • Bulas de los papas Bonifacio VIII (20 de septiembre de 1295), Julio II, san Pío V, Gregorio XIII, Sixto V, Paulo IV y Pío IX.
  • Intervenciones de congregaciones romanas.
  • Decretos episcopales del arzobispo de Lanciano y del obispo de Ascoli.
  • Estatutos comunales de Offida de comienzos del siglo XV.
  • Exvotos, los más antiguos del siglo XIV, entre ellos dos anillos pontificios donados por Pío II y Pablo II.
  • Epígrafes, inscripciones, lápidas y frescos.1

A este conjunto pertenece el himno de laudes para la fiesta del 3 de mayo, compuesto el 10 de enero de 1330.1

Los frescos de Orvieto

En la capilla del Corporal de la catedral de Orvieto se conserva un ciclo de cuatro pinturas de Ugolino di Prete Ilario, fechado hacia 1357, que representa un relato semejante. Las pinturas permanecieron ocultas durante mucho tiempo tras otra obra y volvieron a la luz en 1916.1

Las escenas muestran a una mujer que arroja la hostia a una teja ardiente que se llena de sangre y que, asustada, echa ceniza sin lograr detener el fenómeno; a la mujer ocultando las reliquias en el establo; a la mujer confesando el sacrilegio ante un religioso; y al fraile adorando la hostia hallada, mientras dos animales se postran a un lado. Las inscripciones no mencionan Lanciano ni Offida, pero la Conferencia Episcopal Italiana considera lícito pensar que las pinturas ilustran este milagro.1

Obras históricas

El relato fue recogido por varios autores. Entre ellos figuran Agostino Merli, que lo publicó en Fermo en 1582,12 y Filippo Giorgi, que dedicó al asunto una historia impresa en Bolonia en 1880.13 La muestra internacional sobre los milagros eucarísticos recuerda además los testimonios de los historiadores Antinori y Fella.14

Valoración histórica

El pergamino original no se conserva, las inscripciones de Orvieto no nombran los lugares y muchas circunstancias del relato proceden de la tradición devocional. Estas observaciones no disminuyen el valor del culto, pero invitan a distinguir entre lo que consta documentalmente y los detalles narrativos transmitidos por la piedad popular.

Consta la custodia de las reliquias en Offida desde época antigua y el culto aprobado y promovido por la autoridad eclesiástica a lo largo de los siglos.1 La fe de los católicos en la Eucaristía no depende de la exactitud de cada detalle del relato.15

Las reliquias

Las reliquias del milagro se componen de tres objetos conservados en un mismo sacrario.1

La Cruz Santa

Es un reliquiario de plata con forma de cruz, sobre armazón de madera, con extremos trilobulados adornados con esferas. Está revestido de cinco láminas: en la central se representa a Jesús crucificado, y en las otras cuatro aparecen los bustos de la Virgen Dolorosa, de san Juan evangelista y de dos ángeles.1

En el reverso se encuentra una estauroteca bizantina que contiene cuatro insignes fragmentos de la Cruz. En la parte superior, tras un cristal, se ven fragmentos de carne ensangrentada y tenues restos de pan.1

Por esta razón, el santuario guarda juntos el misterio del altar y el misterio de la Cruz. El Catecismo recuerda que la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, que hace presente el sacrificio de la Cruz y aplica su fruto.16

El coppo

Según el pergamino del siglo XIII, el coppo «irrigado de sangre» constituía una prueba de la verdad del relato. En su parte cóncava presenta manchas difusas de color grisáceo que se oscurece hacia el negro, y la tradición las atribuye a la sangre del milagro.1

La tovaglia

Es un lienzo de lino crudo con bordados de seda, con huellas de quemaduras, dos manchas redondas y algunas pequeñas gotas de color sanguíneo. Además de su valor religioso, la Conferencia Episcopal Italiana la considera una pieza excepcional por tratarse de un tejido doméstico procedente de finales del siglo XIII, ya que los tejidos medievales conservados suelen ser de uso litúrgico.1

El sacrario

Las reliquias se conservan en el fondo del ábside de la iglesia de San Agustín, en una edícula protegida por una reja de hierro y por dos portones de nogal del siglo XV.3 En la construcción original, la reja de hierro forjado contaba con trece cerraduras de seguridad, y se conservan las trece llaves del sacrario cuatrocentista.1

El santuario y el culto

La iglesia de San Agustín

La iglesia de San Agustín, junto al palacio comunal de Offida, conserva en su interior los restos del milagro.3 En las paredes del santuario se conservan lienzos que narran la historia del prodigio.1

Cada 3 de mayo, la comunidad conmemora el milagro con una gran fiesta religiosa.1 La muestra internacional sobre los milagros eucarísticos añade que en 1973 se celebró el séptimo centenario del prodigio.14

Indulgencias y favores pontificios

Los papas concedieron indulgencias particulares a quienes veneran las reliquias.5 La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados, que el fiel dispuesto obtiene en determinadas condiciones mediante la acción de la Iglesia.17

La existencia de bulas pontificias y de ofrendas de los papas muestra que el culto no quedó confinado a una devoción local, sino que contó con la atención de la Sede Apostólica.1

El terremoto de 2016 y el regreso a San Agustín

A causa del seísmo de 2016, la iglesia de San Agustín quedó inutilizable, y las reliquias fueron trasladadas a la colegiata de Santa María Asunta de Offida.1 Tras la conclusión de las obras de restauración, regresaron a su sede originaria el 2 de mayo de 2024.5

Lanciano y Offida: un milagro compartido

En Lanciano, en el lugar donde se encontraba el establo de Ricciarella, se erigió una capilla dedicada a la Santa Cruz que subsiste actualmente. En 2003 se llevaron a ella algunos fragmentos de las reliquias, tras las gestiones realizadas ante la diócesis de Ascoli Piceno.5 La Conferencia Episcopal Italiana recoge una ceremonia de hermanamiento entre las comunidades de Lanciano y Offida celebrada ese mismo año.1

Peregrinación y jubileo

El santuario figura entre las iglesias jubilares designadas para el Año Santo 2025.4 Además, el milagro forma parte de la muestra internacional «Los milagros eucarísticos del mundo», impulsada por san Carlo Acutis.14

Doctrina católica sobre la Eucaristía

Presencia real y transubstanciación

La Iglesia enseña que en el sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, junto con su alma y su divinidad.18 Esa presencia se llama «real» no de manera exclusiva, como si las demás presencias de Cristo no fueran reales, sino por excelencia, porque es sustancial y en ella Cristo, Dios y hombre, se hace presente entero.2

El Concilio de Trento declaró que, por la consagración, se produce la conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en su sangre. La Iglesia católica llama a esta conversión, con propiedad, transubstanciación.18,2

La presencia permanece mientras subsistan las especies

El Concilio de Trento enseñó que, terminada la consagración, el cuerpo y la sangre de Cristo permanecen verdaderamente en las hostias o partículas consagradas que se reservan o sobran después de la comunión.18

El Catecismo lo expresa afirmando que la presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas.2

Esta doctrina explica la gravedad del sacrilegio narrado en Offida. La hostia que Ricciarella llevó a su casa no era un objeto ordinario: era el mismo Cristo bajo las especies sacramentales.

El culto de adoración

El Concilio de Trento enseñó que al santísimo sacramento se le debe rendir el culto de latría, que se tributa al verdadero Dios, también de manera externa.19 El Catecismo recoge esta enseñanza y recuerda que la Iglesia ofrece a la Eucaristía el culto de adoración, no solo durante la Misa, sino también fuera de ella.20

Pablo VI afirmó que la Iglesia católica ha adorado siempre este sacramento «con el culto latréutico, que tan solo a Dios es debido».21

Juan Pablo II escribió que Jesús nos espera en este sacramento del amor y pidió no escatimar tiempo para encontrarlo en la adoración, «dispuesta a reparar las grandes ofensas y delitos del mundo».22 Benedicto XVI subrayó igualmente la importancia de la adoración eucarística y de la devoción al santísimo sacramento.23

El Código de Derecho Canónico dispone que los fieles tengan en gran honor la santísima Eucaristía y le den culto con suma adoración.24

La profanación de la Eucaristía y la superstición

El sacrilegio

El Catecismo define el sacrilegio como la profanación o el trato indigno de los sacramentos y de las demás acciones litúrgicas, así como de las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. Lo considera un pecado grave, especialmente cuando se comete contra la Eucaristía, porque en este sacramento está presente de modo sustancial el cuerpo mismo de Cristo.25

La disciplina vigente de la Iglesia castiga con excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica a quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega. El clérigo puede ser castigado, además, con otras penas.26

El Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos aclaró que comete este delito quien se lleva o conserva las sagradas especies con «fin sacrílego (obsceno, supersticioso e impío)».27

Esa pena no se aplica a hechos acaecidos en 1273. Se recuerda para mostrar la gravedad con que la Iglesia considera la conducta que el relato narra.

La magia y la hechicería

El Catecismo declara que todas las prácticas de magia o de hechicería, mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo, son gravemente contrarias a la virtud de la religión.25

El deseo de recuperar el afecto del cónyuge es legítimo y bueno. El medio que propuso la hechicera no lo era.

La Iglesia enseña que los esposos cristianos son fortalecidos por un sacramento especial, y que la gracia propia del matrimonio está destinada a perfeccionar su amor y a fortalecer su unidad indisoluble.28 La respuesta cristiana a una crisis conyugal consiste en la oración, los sacramentos, el diálogo, el perdón y la ayuda de la comunidad, no en la superstición.

La disposición para recibir la comunión

San Pablo advierte que quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor (1 Co 11, 27-29). El Concilio de Trento recordó que nadie que tenga conciencia de pecado mortal debe acercarse a la sagrada Eucaristía sin haber hecho previamente la confesión sacramental.29

El Código de Derecho Canónico recoge esta norma.24 El Catecismo enseña que quien tiene conciencia de pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.30 Juan Pablo II reiteró esta disciplina.22

En el relato de Offida, la comunión recibida con la intención de profanar la hostia constituye el sacrilegio más grave que puede cometerse contra este sacramento.

Arrepentimiento y misericordia

Ricciarella como figura penitente

El relato no se detiene en el pecado. Presenta a Ricciarella atormentada durante siete años por el remordimiento, y subraya que ese arrepentimiento la condujo finalmente a confesar su culpa.1

La Iglesia enseña que no hay ninguna falta, por grave que sea, que la Iglesia no pueda perdonar, siempre que el arrepentimiento sea sincero. Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y se reconcilian con la Iglesia.31

La confesión de Ricciarella marca el punto de inflexión del relato: del ocultamiento se pasa a la manifestación, y de la culpa, a la conversión.

El sigilo sacramental y la disciplina vigente

La disciplina actual de la Iglesia establece que el sigilo sacramental es inviolable y que está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo. También prohíbe al confesor usar el conocimiento adquirido en la confesión cuando ello redunde en perjuicio del penitente.32

Los relatos medievales no se ajustan a estas precisiones jurídicas, que se desarrollaron con posterioridad. La narración debe leerse conforme a su género y a su época, como testimonio de la conversión de la penitente y de la veneración de las reliquias.

Los milagros eucarísticos en la fe de la Iglesia

Signo y no fundamento

El Catecismo enseña que los milagros de Cristo y de los santos son signos ciertos de la revelación, adaptados a la inteligencia de todos.15

Las revelaciones llamadas privadas, aunque algunas hayan sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no consiste en mejorar o completar la Revelación definitiva de Cristo, sino en ayudar a vivirla más plenamente en una determinada época de la historia.15

La fe en la presencia real descansa en la palabra de Cristo y en la enseñanza de la Iglesia, no en los prodigios. Un milagro eucarístico no añade nada a lo que la Iglesia ya cree sobre la Eucaristía; ayuda a los fieles a adorar, a reparar y a convertirse.

El testimonio de las criaturas

El relato refiere que un animal se postra ante el lugar donde se esconde la hostia. La tradición cristiana conoce este motivo en otros relatos eucarísticos, como el que se atribuye a san Antonio de Padua en Rímini.

La Iglesia no exige que los fieles lo reciban como un hecho comprobado. Lo acoge como expresión piadosa de una verdad más amplia: toda criatura está llamada a reconocer a su Creador, y Cristo presente en el sacramento es adorado por los hombres y, según la tradición popular, también por quienes carecen de razón.

Valor espiritual del milagro eucarístico de Offida

El milagro de Offida proclama, con el lenguaje sencillo de la devoción medieval, que Cristo está realmente presente en la Eucaristía y que esa presencia no depende de la disposición de quien recibe el sacramento ni de las intenciones de quien lo profana. Muestra también la gravedad del sacrilegio y la necesidad de acercarse a la comunión con fe, conciencia limpia y reverencia.

Al mismo tiempo, el relato no es una historia de condena. Ricciarella, que cayó en la superstición y en el sacrilegio, termina convertida en testigo de la misericordia de Dios. La Iglesia ve en su confesión la prueba de que ningún pecado es mayor que el perdón que ofrece el sacramento de la penitencia.

La Cruz Santa que custodia los restos de la hostia une el misterio del altar y el de la Cruz. Quien se arrodilla ante las reliquias de Offida es invitado a la adoración, a la reparación por las ofensas cometidas contra el santísimo sacramento y a la confianza en el amor de Cristo que se entrega y se queda.

En la Iglesia, el milagro eucarístico de Offida no es simplemente una curiosidad histórica o un relato de piedad local. Es un signo que, sin añadir nada a la fe, la fortalece: Cristo permanece en la Eucaristía, perdona a quien se arrepiente y espera a sus fieles en el sacramento del amor.

Citas y referencias

  1. Conferencia Episcopal Italiana. Lanciano e Offida: un miracolo condiviso. BeWeB - Beni ecclesiastici in web, Il miracolo custodito nella chiesa di Santa Croce (2019). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28
  2. Catecismo de la Iglesia Católica, 1374-1377 (1992). 2 3 4
  3. Comune di Offida. Santuario Diocesano del Miracolo Eucaristico, Il Miracolo Eucaristico. 2 3 4 5
  4. Santuario Diocesano del Miracolo Eucaristico. GCatholic.org, Offida (2025). 2
  5. Miracolo eucaristico di Offida. Wikipedia en italiano, Il miracolo (2026). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  6. Concilio Lateranense IV. Constitución 1, Firmiter credimus (1215).
  7. Concilio Lateranense IV. Canon 21, Omnis utriusque sexus (1215).
  8. Urbano IV. Bula Transiturus de hoc mundo, Institución de la solemnidad del Corpus Christi (1264).
  9. Pablo VI. Discurso en Orvieto con ocasión del séptimo centenario de la bula Transiturus, Orvieto (1964).
  10. Il miracolo eucaristico di Offida e gli animali della stalla. Offida.info, Texto de la copia del pergamino. 2
  11. Concilio Vaticano II. Declaración Nostra aetate, 4 (1965).
  12. Agostino Merli. La stupenda et marauigliosa historia del sacramento dell’altare gettato già nel fuoco e miracolosamente conuerso in tre parti, carne, sangue, & hostia, Fermo, Giovanni Giubari, Obra completa (1582).
  13. Filippo Giorgi. Storia degli avvenimenti che ebbero luogo in Lanciano nel 1273, i quali precedettero il prodigioso cangiamento di una consacrata particola in carne e sangue che si venera tuttora in Offida nel tempio di S. Agostino, Bologna, Mareggiani, Obra completa (1880).
  14. Los milagros eucarísticos del mundo. Milagro eucarístico de Offida (Italia, 1273-1280), miracolieucaristici.org, Ficha del milagro. 2 3
  15. Catecismo de la Iglesia Católica, 156 y 67 (1992). 2 3
  16. Catecismo de la Iglesia Católica, 1365-1367 (1992).
  17. Catecismo de la Iglesia Católica, 1471-1479 (1992).
  18. Concilio de Trento. Sesión XIII: Decreto sobre el santísimo sacramento de la Eucaristía, Capítulos I y IV; Cánones 1-4 (1551). 2 3
  19. Concilio de Trento. Sesión XIII: Decreto sobre el santísimo sacramento de la Eucaristía, Capítulo V; Canon 6 (1551).
  20. Catecismo de la Iglesia Católica, 1378-1381 (1992).
  21. Pablo VI. Mysterium fidei, 56 (1965).
  22. Juan Pablo II. Ecclesia de Eucharistia, 25 y 36 (2003). 2
  23. Benedicto XVI. Sacramentum caritatis, 66 (2007).
  24. Can. 898 y can. 916. Código de Derecho Canónico, 898 y 916 (1983). 2
  25. Catecismo de la Iglesia Católica, 2117 y 2120 (1992). 2
  26. Can. 1367. Código de Derecho Canónico, 1367 (1983); texto vigente en el Libro VI, can. 1382 1 (2021).
  27. Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos. Respuesta sobre el desprecio de la Eucaristía (cánones 1367 CIC y 1442 CCEO), Nota explicativa (1999).
  28. Catecismo de la Iglesia Católica, 1641-1642 (1992).
  29. Concilio de Trento. Sesión XIII: Decreto sobre el santísimo sacramento de la Eucaristía, Capítulo VII; Canon 11 (1551).
  30. Catecismo de la Iglesia Católica, 1385 y 1457 (1992).
  31. Catecismo de la Iglesia Católica, 982 y 1422 (1992).
  32. Can. 983 1 y can. 984 1. Código de Derecho Canónico, 983 y 984 (1983).
  33. Catecismo de la Iglesia Católica, 1674 (1992).
  34. Can. 1190. Código de Derecho Canónico, 1190 (1983).
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