La expresión milagro eucarístico designa, en el lenguaje de la piedad católica, un fenómeno extraordinario que afecta a las especies consagradas del pan o del vino y que los fieles interpretan como signo de la presencia real de Cristo en el sacramento. Los casos más conocidos, como los de Lanciano o Bolsena, refieren la aparición visible de carne o de sangre. El de Volterra pertenece a otra modalidad: la de las formas consagradas que, tras una profanación, manifiestan de modo sensible una presencia que la fe ya afirma sin necesidad de signos.
La tradición lo identifica con la ciudad en que se produjo y con el año 1472, en el contexto de la guerra entre Volterra y Florencia, pero no indica el día exacto del prodigio ni el nombre del soldado.1
Tres planos que conviene distinguir
Para estudiar el suceso con rigor conviene separar tres niveles de afirmación:
- El hecho histórico: la guerra de las minas de alumbre y el saqueo de Volterra en 1472.
- El relato del prodigio: la tradición transmitida por testimonios locales y recogida por catálogos modernos.
- La doctrina: la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que no depende de ningún prodigio particular.
La fe eucarística pertenece al tercer nivel y se sostiene por sí misma en la Escritura, en la Tradición y en el magisterio. El relato de Volterra, en cambio, se mueve en el terreno de la tradición piadosa y exige una valoración prudente, como se explica más adelante.2

