La predicación como escenario de prodigios
Diversas narraciones presentan que la predicación de san Vicente Ferrer —especialmente insistente en pecado, muerte, infierno, eternidad y cercanía del juicio— iba acompañada de fenómenos extraordinarios o de relatos que pretendían confirmar su mensaje. Se cuenta que su palabra era tan intensa que algunos oyentes llegaban a desfallecer de temor y que, con el tiempo, su enseñanza producía conversiones reales.
En una de las biografías tradicionales se afirma también que en lugares como los Alpes y regiones cercanas se hablaba de conversiones e innumerables milagros en general, vinculados a su modo de predicar y a la respuesta del pueblo.
La profecía de los barcos con trigo
Uno de los episodios más repetidos en las fuentes es la predicción realizada por san Vicente Ferrer durante una situación de hambre. Según se relata, Barcelona sufría escasez y el trigo esperado por mar no llegaba; en medio de su predicación al aire libre, el santo habría anunciado que los barcos llegarían ese día antes de la noche. La previsión se cumpliría y la gente correría hacia el priorato para aclamarl o por lo que se consideró confirmación profética.
Este relato resulta significativo para entender la lógica hagiográfica de los milagros: no se presenta únicamente como «curiosidad» del futuro, sino como signo de la misión que Dios habría concedido a su siervo.,
«El ángel del Juicio»: señal con un cadáver
En otra narración, san Vicente Ferrer vincula su anuncio del juicio a un pasaje del Apocalipsis (según se identifica como «el ángel del juicio» anunciado por san Juan). Al predicar al aire libre en Salamanca, habría declarado que él era ese mensajero, y ante protestas de algunos oyentes, el santo habría hecho un gesto extraordinario: se le llevaría a un cadáver que iba a enterrarse, y el santo habría «conjurado» al muerto a testificar. El relato sostiene que el cuerpo habría vuelto a mostrar signos de vida «por un momento» para confirmar lo dicho, y luego habría muerto nuevamente.
En la misma fuente se remarca que san Vicente Ferrer no habría pretendido proclamarse como una entidad celestial por naturaleza, sino como instrumento al que Dios concede la función de heraldo o mensajero del fin.