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Milenarismo

El milenarismo, también llamado quiliasmo, es la expectativa de un reinado de Cristo y de los justos en la tierra antes del juicio final, asociado tradicionalmente a los mil años mencionados en el Apocalipsis. La Iglesia católica rechaza las interpretaciones que esperan realizar dentro de la historia una plenitud mesiánica que solo llegará más allá de ella, especialmente cuando adoptan la forma de un proyecto político de salvación.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMilenarismo
CategoríaTérmino
DescripciónCreencia en una etapa futura del reino de Cristo vinculada a la cifra de mil años del Apocalipsis. Expectativa de un reinado de Cristo y de los justos en la tierra antes del juicio final, asociado tradicionalmente a los mil años mencionados en el Apocalipsis. Designa la creencia en una etapa futura del reino de Cristo en la tierra antes del juicio final
Referencias
  • Apocalipsis 20
  • 676
Autoridad EclesialSanto Oficio
EnseñanzasLa Iglesia católica rechaza las interpretaciones que esperan realizar dentro de la historia una plenitud mesiánica que sólo llegará más allá de ella.
Fecha21 de julio de 1944
OrigenDeriva del latín mille y annus, y del griego chília.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Significado y origen del término

Milenarismo procede de milenio, palabra formada a partir del latín mille («mil») y annus («año»). Quiliasmo deriva del griego chília, «mil». Ambos términos designan, en sentido cristiano, la creencia en una etapa futura del reino de Cristo vinculada a la cifra de mil años del Apocalipsis. La duración exacta no constituye un elemento indispensable de todas las versiones milenaristas: lo característico es situar antes del juicio final un reinado terrenal de Cristo con los justos.3,2

La imagen clásica del milenio comprende varios elementos: el retorno glorioso de Cristo, la derrota de las fuerzas hostiles a Dios, la participación de los justos -en algunas versiones, después de una resurrección anticipada- en un reino terrestre y, al término de este, la resurrección universal y el juicio final. Los autores cristianos describieron de maneras diversas el lugar, la duración y las condiciones de ese reino.3

Fundamento bíblico e interpretación

El Apocalipsis

El pasaje bíblico que dio origen al nombre aparece en el capítulo 20 del Apocalipsis. Allí figura un reinado de mil años asociado a Cristo y a los santos. Las interpretaciones cristianas difieren sobre si la cifra y el reinado describen un periodo futuro y terrenal o si expresan simbólicamente la acción de Cristo y la vida de la Iglesia antes de la consumación final.2

El Apocalipsis pertenece al género apocalíptico, que presenta la lucha entre el bien y el mal mediante visiones y símbolos. Por eso, la cifra de mil años no obliga por sí sola a entender el pasaje como una cronología literal. La controversia milenarista depende, sobre todo, de cómo se relaciona ese reinado con la segunda venida de Cristo, la resurrección de los muertos y el juicio universal.3,2

Expectativas mesiánicas y predicación cristiana

Las antiguas expectativas judías sobre el Mesías incluían, en ciertos ambientes, la liberación de Israel de sus opresores y la instauración de un reino glorioso en la tierra. La literatura apocalíptica judía combinaba imágenes terrenas y sobrenaturales para describir la derrota de los enemigos de Dios y la renovación final del mundo. La expectativa cristiana del milenio guarda relación histórica con ese horizonte, aunque recibió una interpretación propia a la luz de Cristo.3

La predicación de Jesús presenta el reino de Dios como una realidad vinculada a la liberación del pecado y a la santificación. La antigua Enciclopedia Católica observaba que los Evangelios y las cartas de san Pablo no exponen un quiliasmo en el sentido de un reino político y terrenal posterior al retorno de Cristo.3

El milenarismo en los primeros siglos

Algunos escritores cristianos antiguos sostuvieron interpretaciones milenaristas. Entre ellos figuran san Justino, san Ireneo, Tertuliano, Papías y Metodio, aunque sus ideas no eran idénticas y el vínculo entre el milenio y la resurrección de la carne tampoco aparece formulado del mismo modo en todos ellos. En algunas versiones, una resurrección de los justos inauguraría el reino milenario, antes de la resurrección universal.4,5

La diversidad de esas posiciones impide describir el milenarismo antiguo como una doctrina uniforme. La expectativa podía expresar la esperanza en la victoria de Cristo y en la realidad corporal de la resurrección; en otras versiones adoptaba rasgos más materiales o incluía cálculos sobre el curso de la historia. El montanismo, por ejemplo, proclamó la llegada de una etapa del Espíritu y la bajada de la Jerusalén celestial en Pepuza, en Frigia.2

La interpretación alegórica de Orígenes y la autoridad de san Agustín contribuyeron al retroceso del milenarismo en la tradición cristiana. San Agustín había mantenido durante un periodo algunas expectativas de descanso futuro de los santos en la tierra, pero después se distanció de esa lectura. Su trayectoria muestra que la interpretación de los pasajes apocalípticos evolucionó también entre los Padres de la Iglesia.2,6

Formas principales

Milenarismo estricto

El milenarismo estricto espera un reinado de Cristo en la tierra, anterior al juicio final, con una resurrección anticipada de los justos o de los mártires. Algunas formas lo describen como un reino visible y glorioso, con beneficios tanto espirituales como materiales. La duración de mil años aparece con frecuencia, aunque no define por sí sola todas las variantes.3

Milenarismo mitigado

El milenarismo mitigado sostiene, en términos generales, que Cristo vendrá visiblemente antes del juicio final para gobernar este mundo, con o sin una resurrección previa de muchos justos. En 1944, el Santo Oficio respondió que ese sistema «no puede enseñarse con seguridad» (tuto doceri non posse). La fórmula no equivale a la definición de una condena dogmática formal, pero excluye presentar esa doctrina como enseñanza segura de la Iglesia.7

Mesianismo político

Una forma particularmente grave aparece cuando un movimiento político, una ideología o un régimen promete realizar dentro de la historia la redención plena de la humanidad. En esta modalidad, una esperanza mesiánica se traslada a un programa temporal que pretende instaurar una sociedad definitiva, libre de todo mal. El Catecismo de la Iglesia Católica rechaza esta falsificación del reino futuro y señala especialmente el mesianismo secular de carácter político.1

Enseñanza de la Iglesia católica

La Iglesia no identifica la esperanza cristiana con la instauración de un reino terrenal de Cristo antes del juicio final. El Catecismo enseña que nadie puede convertir la historia en el lugar donde se alcance plenamente la esperanza mesiánica, pues esa plenitud solo llegará más allá de la historia, mediante el juicio escatológico. Por este motivo, la Iglesia ha rechazado también formas mitigadas de milenarismo y, con especial énfasis, el mesianismo político secular.1

El decreto del Santo Oficio de 1944 precisa que el milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad. Su respuesta no resuelve cada cuestión exegética sobre el simbolismo de los mil años ni ofrece una definición detallada de todas las interpretaciones del Apocalipsis. Sí fija un límite doctrinal claro: los católicos no pueden proponer como segura la expectativa de un gobierno visible de Cristo sobre este mundo antes del juicio final.7

Esta enseñanza no significa que la fe cristiana desatienda la historia o el bien de la sociedad. Impide, más bien, confundir las reformas temporales -por valiosas que sean- con la redención definitiva. Ningún proyecto político puede abolir el pecado y la muerte ni sustituir la consumación que Dios llevará a cabo al final de los tiempos. La crítica del mesianismo secular protege la esperanza cristiana de su reducción a una ideología de salvación histórica.1,8

Distinción entre milenarismo y esperanza cristiana

La esperanza cristiana incluye la espera del retorno de Cristo, la resurrección de los muertos y el juicio final. El milenarismo añade a esa esperanza una etapa histórica intermedia en la que Cristo reinaría en la tierra antes de la consumación definitiva. La cuestión decisiva no consiste, por tanto, en si los cristianos esperan el triunfo final de Cristo, sino en si sitúan ese triunfo en un reino terrenal anterior al juicio o en la plenitud que llega más allá de la historia.3,1

Tampoco todo uso de la palabra milenio expresa una doctrina milenarista. La conmemoración de un milenario, o la referencia al paso de los años mil, solo alude a un periodo cronológico. El milenarismo, en sentido teológico, requiere la expectativa de un reino de Cristo y de los justos en la tierra antes del juicio final.3,8

Relevancia histórica

Las expectativas sobre una edad futura de paz o renovación han reaparecido en distintas épocas cristianas. Algunas interpretaciones medievales de la historia, vinculadas a Joaquín de Fiore y a sus seguidores, organizaron el curso histórico en etapas y esperaron una nueva fase espiritual. La recepción de esas ideas adoptó formas variadas; algunas corrientes posteriores llegaron a imaginar una etapa que reduciría o dejaría atrás la estructura jerárquica y sacramental de la Iglesia.9

La enseñanza católica distingue esas expectativas de la esperanza en la acción de Dios dentro de la historia. La Iglesia puede trabajar por la justicia, la paz y la dignidad humana, pero no identifica ninguna etapa histórica con la salvación definitiva ni con la llegada plena del reino de Dios.1,9

Citas y referencias

  1. Capítulo segundo: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios, Catecismo de la Iglesia Católica, 676 (1992). 2 3 4 5 6
  2. Quiliasmo, Edward G. Farrugia, Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Quiliasmo (2015). 2 3 4 5 6
  3. Milenio y milenarismo, Enciclopedia Católica, Milenio y milenarismo (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  4. P. O’Callaghan, La fórmula «Resurrección de la carne» y su significado para la moral cristiana, 10 (1989).
  5. P. O’Callaghan, La fórmula «Resurrección de la carne» y su significado para la moral cristiana, 9 (1989).
  6. Bernard McGinn, El ataque de Agustín al apocalipticismo, 10 (2018).
  7. Milenarismo (quiliasmo) - Decreto del Santo Oficio, 21 de julio de 1944, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger, Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3839 (1854). 2
  8. L. Scheffczyk, La encíclica sobre el Espíritu Santo: Balance realista y mensaje de esperanza para el siglo que comienza, 15 (1988). 2
  9. J. I. Saranyana, La Iglesia católica y América, 6 (1992). 2
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