Bautismo
El bautismo es el sacramento con la mayor amplitud de ministros posibles. En caso de necesidad, puede administrarlo una persona que no haya recibido el sacramento del Orden, siempre que realice el rito de modo válido y tenga la intención requerida. La disciplina distingue este caso de la celebración ordinaria, que corresponde a ministros eclesiásticos; la tradición católica también reconoce funciones ordinarias o solemnes del obispo, del presbítero y, en determinados casos, del diácono.
La disciplina de las Iglesias católicas orientales describe expresamente la administración ordinaria por el sacerdote y, ante una necesidad, permite que bautice el diácono u otra persona, incluido cualquier fiel cristiano. Esa norma muestra que la posibilidad excepcional de que bautice un laico no convierte el bautismo en una función ordinaria de cualquier ministro.
Confirmación
El obispo es el ministro ordinario de la confirmación en la tradición latina. Un presbítero puede conferirla cuando cuenta con la facultad correspondiente o cuando concurre el supuesto previsto por la disciplina, como el peligro de muerte del cristiano.
La tradición oriental católica celebra este sacramento bajo el nombre de crismación y asigna normalmente su administración al presbítero. La diversidad disciplinar refleja distintas formas de organizar la iniciación cristiana, sin que por ello cambie la identidad del sacramento.
Eucaristía
En la Eucaristía conviene distinguir entre el ministro que la celebra y el que distribuye la comunión. Solo el obispo y el presbítero, por haber recibido el sacramento del Orden, pueden consagrar el pan y el vino. El diácono y los ministros extraordinarios debidamente designados pueden ayudar a distribuir la comunión, pero esa tarea no los convierte en ministros de la consagración.,
La distinción expresa una diferencia de funciones dentro de una misma celebración: la presidencia eucarística y la consagración corresponden al sacerdote ordenado; la distribución de las especies consagradas puede confiarse también a otros ministros conforme a las normas de la Iglesia.
Penitencia y unción de los enfermos
El ministro de la penitencia -también llamada reconciliación o confesión- es el obispo o el presbítero. Además de la ordenación sacerdotal, la administración válida de la absolución requiere la facultad correspondiente, salvo las excepciones previstas por el derecho, entre ellas la situación de peligro de muerte.,
El obispo o el presbítero administra también la unción de los enfermos. En ambos sacramentos, la función ministerial pertenece al sacerdocio ordenado, aunque cada sacramento tenga su rito y finalidad propios.
Orden
El ministro del sacramento del Orden es el obispo. La tradición católica reserva a los obispos la ordenación sacramental y no atribuye a los presbíteros la capacidad de conferir este sacramento.,
Esta reserva distingue el Orden de los ministerios que reciben los fieles sin ordenación sacramental. Quien ha recibido una función litúrgica o ayuda en una celebración no adquiere por ello la potestad propia del obispo para ordenar.,
Matrimonio
En la tradición de la Iglesia latina, los contrayentes son los ministros del sacramento: al expresar su consentimiento matrimonial, se confieren mutuamente el sacramento. Por eso, a diferencia de los otros sacramentos, el ministro no es aquí necesariamente un tercero que administra el rito, sino los propios esposos.
Esta característica no elimina la función eclesial de la celebración ni la importancia de observar la forma y las normas aplicables. Tampoco permite generalizar sin matices el modelo latino a todas las tradiciones católicas, que cuentan con su propia disciplina litúrgica. La organización de la celebración sacramental debe respetar las normas de la Iglesia correspondiente.