La historia de la Misa tradicional se remonta a la codificación litúrgica que siguió al Concilio de Trento, pero sus raíces son mucho más antiguas, reflejando el desarrollo del Rito Romano a lo largo de los siglos.
La Codificación de San Pío V
El Concilio de Trento (1545-1563) abordó la cuestión de la liturgia y formó una comisión para preparar un misal uniforme, en parte como respuesta al caos litúrgico y la diferenciación de rituales que habían surgido, exacerbados por la invención de la imprenta y aprovechados por los reformadores protestantes,.
En 1570, el Papa San Pío V promulgó la bula Quo primum, que estableció el Misal Romano. Esta codificación se basó en el rito papal, que era esencialmente similar a sus predecesores del siglo XV y el Misal adoptado y difundido por los franciscanos en el siglo XIII.
San Pío V ordenó que este Misal fuera seguido absolutamente en toda la Iglesia Latina, con la obligación de discontinuar y descartar todos los demás ritos y rúbricas de otros misales, excepto aquellos que pudieran reclamar una prescripción de al menos doscientos años,. Esta decisión tenía como objetivo establecer un único Missale Romanum para toda la Iglesia Latina, funcionando como un medio para mantener la unidad.
Revisiones Posteriores y el Misal de 1962
A lo largo de los siglos, el Misal de San Pío V experimentó revisiones menores, principalmente en las rúbricas, los textos de las Escrituras y la adición de Misas para nuevas fiestas. Estas revisiones fueron realizadas por Papas como Clemente VIII (1604), Urbano VIII (1634), y León XIII (1884), y Pío X revisó el canto (1908). Estos cambios se consideran desarrollos graduales y naturales sin interferir en la estructura o el genio de los ritos mismos.
La edición utilizada durante el Concilio Vaticano II y que se considera la forma extraordinaria actual es la que fue promulgada por el Beato Juan XXIII en 1962,. Esta edición incorpora reformas iniciadas por Pío X y Pío XII, incluyendo las reformas de la Semana Santa de 1952-1955.
La Reforma del Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II, a través de la constitución Sacrosanctum Concilium, pidió la renovación y el avance de la liturgia. Los Obispos conciliares buscaron la plena, consciente y activa participación de todo el Pueblo de Dios en la liturgia, un tema ya indicado por Pío XII en Mediator Dei.
El Concilio ordenó que los ritos fueran revisados cuidadosamente a la luz de la sana tradición, para darles un nuevo vigor que respondiera a las circunstancias y necesidades de la época actual.
Sobre la base de estos principios, se emprendió una reforma litúrgica que culminó con el Misal Romano publicado por el Papa San Pablo VI en 1970. Este Misal, a menudo denominado el Novus Ordo Missae (Nuevo Orden de la Misa), constituye la expresión ordinaria de la lex orandi del Rito Romano.
A pesar de las diferencias, la Iglesia sostiene que ambos Misales, el anterior y el posterior al Concilio, abrazan una misma y única tradición, y que el Misal más antiguo es llevado a su cumplimiento en el nuevo.