La Misa Tridentina tiene sus raíces en la antigua tradición litúrgica de Roma. A lo largo de los siglos, el rito romano experimentó un desarrollo orgánico con diversas costumbres y ritos locales que surgieron en diferentes regiones1. Sin embargo, hacia finales de la Edad Media, esta pluralidad dio lugar a una cierta «confusión litúrgica» y a la posibilidad de abusos, que fueron aprovechados por los reformadores protestantes para difundir sus propias ideas1.
El Concilio de Trento (1545-1563), convocado en respuesta a la Reforma Protestante, abordó la cuestión de la liturgia. En su vigésimo quinta sesión, el 4 de diciembre de 1563, el Concilio encargó a una comisión la tarea de revisar y unificar los libros litúrgicos, incluyendo el misal y el breviario2. Como resultado de este mandato, el Papa Pío V promulgó el Misal Romano mediante la bula Quo Primum el 14 de julio de 15703,4,5.
El Misal de Pío V no fue una creación completamente nueva, sino una codificación de la tradición litúrgica romana existente, que era muy similar a los misales papales de los siglos XV y XIII1. Su objetivo principal era restaurar el misal a la «norma original de los santos Padres» y asegurar la uniformidad en la celebración de la Misa en toda la Iglesia Latina3,6. Pío V ordenó que este misal fuera seguido «absolutamente, sin ningún escrúpulo de conciencia o temor de incurrir en ninguna pena, juicio o censura», y declaró que no podía ser revocado ni modificado, permaneciendo «siempre válido y conservando toda su fuerza»3.
A lo largo de los siglos, el Misal de Pío V fue objeto de ligeras revisiones en sus rúbricas y textos escriturísticos por parte de Papas como Clemente VIII (1604), Urbano VIII (1634) y León XIII (1884), y Pío X revisó el canto (1908)4. No obstante, estas revisiones no alteraron la estructura fundamental del rito, que se mantuvo esencialmente inmutable hasta el siglo XX1.

