El Misal Romano actual es el resultado de la fusión de varios libros de servicio que se utilizaban por separado en los primeros siglos de la Iglesia1. Originalmente, el sacerdote utilizaba un Sacramentario (Sacramentarium) para las oraciones de la Misa, mientras que las lecturas del Evangelio y las Epístolas se encontraban en otros libros, como los Evangeliarios y Leccionarios1. Con el tiempo, y debido a la escasez de escribas y materiales, se buscó la economía en la producción de libros, lo que llevó a la unificación de estos textos en un solo volumen1.
A partir de la segunda mitad del siglo XIII, la mayoría de los libros de Misa comenzaron a ser Missalia plenaria, es decir, misales completos que se asemejaban al formato moderno1. Una influencia determinante en la configuración del Misal Romano que conocemos hoy fue el libro producido bajo los auspicios franciscanos en el siglo XIII, conocido como Missale secundum consuetudinem Romanae curiae, que ganó popularidad en Italia1.
El Misal Tridentino
Antes del Concilio de Trento, existía una gran diversidad de usos litúrgicos locales en toda Europa, con variaciones significativas en las oraciones y los propios de los santos y del tiempo, aunque el Canon de la Misa era universalmente el mismo1. Tras la invención de la imprenta, esta pluralidad se acentuó, lo que llevó a la manipulación del contenido litúrgico y fue aprovechado por los reformadores protestantes2.
El Concilio de Trento (1545-1563) encargó al Papa la revisión del Catecismo, el Breviario y el Misal para garantizar la uniformidad y la pureza del culto1,3. En respuesta, San Pío V promulgó en 1570 el Missale Romanum ex decreto sacrosancti Concilii Tridentini restitutum3,4. Este Misal, que se basó en el Ordo Missalis secundum consuetudinem Romanae Curiae del siglo XV y el Missale Regulae franciscano del siglo XIII, buscaba restaurar el Misal a la «norma y rito prístino de los Santos Padres»2,4. La bula de San Pío V, Quo primum, ordenó su uso universal en el Rito Latino, con la excepción de aquellas diócesis u órdenes religiosas que pudieran probar una tradición litúrgica de al menos doscientos años1,3.
Posteriormente, hubo revisiones bajo Clemente VIII en 1604, quien corrigió los textos bíblicos para alinearlos con la nueva Vulgata, y bajo Urbano VIII en 1634, quien se centró en las rúbricas1,5. La última revisión autoritativa del Misal antes del Concilio Vaticano II fue realizada por León XIII en 18841,5.

