El pontificado de Pío XI
Pío XI (1922‑1939) buscó responder a los desafíos del siglo XX, marcados por la creciente secularización y los conflictos sociales. En este marco, Miserentissimus Redemptor surge como una exhortación a reforzar la vida sacramental y la devoción popular al Sagrado Corazón, consideradas «medios eficaces para contrarrestar la ola de errores y persecuciones» de la época1.
Situación de la Iglesia en 1928
El Papa describe una época en que «la maldad del hombre ha aumentado enormemente, pero al mismo tiempo, por la inspiración del Espíritu Santo, se ha multiplicado el número de los fieles que se entregan a la reparación del honor de Cristo»2. Esta dualidad sirve de telón de fondo para el llamado a la expiación y a la mortificación como respuestas cristianas al pecado colectivo.
