La palabra «misericordia» proviene del latín misericordia, que significa «corazón sensible a la miseria ajena» (miseri-cor-dare). En la teología católica, se entiende como la manifestación del amor omnipotente de Dios, que se revela de manera preeminente en el perdón de los pecados y en su providencia constante hacia la humanidad1,2,3. Es una realidad concreta que expresa el amor de Dios como el de un padre o una madre, movidos hasta lo más profundo por el amor a sus hijos, un amor «visceral» lleno de ternura y compasión1.
Concepto Bíblico
Desde el Antiguo Testamento, Dios es descrito como «misericordioso y clemente, lento para la ira y rico en amor y fidelidad» (Éxodo 34:6). Los Salmos y la predicación de los profetas a menudo se refieren al Señor como misericordioso, destacando su acción benevolente en medio de su pueblo, perdonando su iniquidad y refrenando su ira4,1. Por ejemplo, el Salmo 103:3-4 proclama que Dios «perdona todas tus iniquidades, sana todas tus enfermedades, rescata tu vida del hoyo, te corona de amor y de misericordia»1.
En el Nuevo Testamento, Jesús es la revelación suprema de la misericordia del Padre5,6. Él mismo afirma: «Misericordia quiero y no sacrificio»7,8. Jesús invita a los pecadores a la mesa del Reino y les muestra la misericordia ilimitada de su Padre, siendo el sacrificio de su propia vida «para el perdón de los pecados» la prueba máxima de su amor9. La parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32) ilustra de manera vívida la compasión del Padre que corre al encuentro de su hijo arrepentido, lo abraza y lo besa10. Jesús también enseña que la misericordia es un criterio para identificar a sus verdaderos hijos: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5:7)11,12.
Concepto Teológico
La misericordia divina no es un signo de debilidad, sino la marca de la omnipotencia de Dios1. La liturgia católica reza: «Oh Dios, que manifiestas tu poder sobre todo en el perdón y la misericordia»1,3. Este atributo divino se manifiesta en la historia de la salvación, donde la bondad de Dios prevalece sobre el castigo y la destrucción1.
Para la teología, la misericordia implica otorgar un beneficio más allá de la medida de la dignidad del receptor, mientras que la justicia implica dar a cada uno lo que le corresponde13. La cuestión de la relación entre la misericordia y la justicia divina es fundamental, y la tradición bíblica y teológica la aborda en términos de la economía de la salvación, es decir, cómo el plan de Dios para salvar a los pecadores se relaciona con su compromiso con la justicia13.
