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Misioneras de la Caridad (Madre Teresa)

Las Misioneras de la Caridad son una congregación religiosa católica fundada en Calcuta por santa Teresa de Calcuta, conocida universalmente como Madre Teresa, para servir a los más pobres, enfermos, abandonados y moribundos. Su espiritualidad une la adoración eucarística, la oración, la pobreza radical y el servicio directo a quienes viven en situaciones de extrema necesidad.

Missionárias da Caridade na JMJ Rio
Ver información de la imagenMisioneras de la Caridad durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Parque Municipal da Boa Vista, Río de Janeiro, Brasil, c. 2013. Agência Brasil, Para el subidor: Debes proporcionar un enlace (URL) al archivo original y la información de autoría si está disponible, CC BY 3.0 br 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMisioneras de la Caridad (Madre Teresa)
CategoríaOrganización religiosa
Nombre CompletoMisioneras de la Caridad
DescripciónFundada en 1950 en Calcuta, la congregación se expandió rápidamente por los cinco continentes, abriendo casas para moribundos, niños abandonados, enfermos de lepra y sida.
Fecha de Fundación1950-10-07
Lugar de FundaciónCalcuta
ReferenciasMt 25, 40
CarismaServir a los más pobres, enfermos, abandonados y moribundos, uniendo la adoración eucarística, la oración y la pobreza radical.
EspiritualidadUnión entre el amor a Dios, la oración, los sacramentos, la Eucaristía y el servicio humilde a los pobres.
FundadorSanta Teresa de Calcuta
Importancia EclesialTestimonio vivo de la vocación misionera y de la caridad cristiana que une contemplación y acción.
LugarCalcuta
PaísIndia
Personas RelacionadasMadre Teresa
TipoCongregación
UbicaciónCalcuta

Tabla de contenido

Historia

La llamada de Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta nació como Agnes Gonxha Bojaxhiu el 26 de agosto de 1910 en Skopie. A los dieciocho años ingresó en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como las Hermanas de Loreto, en Irlanda. Llegó a la India en enero de 1929 y emitió sus primeros votos religiosos en 1931 y los perpetuos en 1937. Durante diecisiete años enseñó y ejerció responsabilidades de dirección en una escuela de Loreto en Calcuta.1

El 10 de septiembre de 1946 experimentó lo que más tarde describiría como una «llamada dentro de la llamada»: una invitación interior a abandonar la vida conventual ordinaria de Loreto para servir a Cristo en los barrios más pobres de Calcuta. Tras un prolongado discernimiento y con la autorización eclesiástica correspondiente, dejó el convento el salir al encuentro de los necesitados.2

Antes de comenzar su apostolado, recibió formación básica en atención sanitaria con las Hermanas Médicas Misioneras de Patna. Después regresó a Calcuta y, en diciembre de 1948, inició su trabajo en los suburbios. Visitó familias, atendió a enfermos, cuidó a niños y comenzó a organizar escuelas y dispensarios.3

Fundación de la congregación

El arzobispo de Calcuta erigió oficialmente la congregación el 7 de octubre de 1950, en una pequeña capilla de Creek Lane. La nueva comunidad estaba formada por Teresa y sus primeras once compañeras y nació inicialmente como congregación de derecho diocesano.2

El propósito fundacional consistía en saciar la sed infinita de Jesucristo en la cruz por el amor de las almas, trabajando por la salvación y la santificación de los más pobres entre los pobres. La Santa Sede concedió a la congregación el Decretum laudis el 1 de febrero de 1965, con lo que adquirió el rango de congregación de derecho pontificio.2,1

La congregación creció rápidamente. A comienzos de la década de 1960, Madre Teresa envió religiosas a otras regiones de la India. En 1965 abrió una casa en Venezuela, seguida por fundaciones en Roma y Tanzania. Con el tiempo, las Misioneras de la Caridad establecieron comunidades en los cinco continentes.3

Carisma y espiritualidad

Cristo presente en los pobres

El centro de la espiritualidad de las Misioneras de la Caridad es la convicción evangélica de que Cristo está presente en los pobres y sufrientes. Madre Teresa relacionaba su servicio con las palabras de Jesús: «Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). Para ella, la persona enferma, abandonada o moribunda no era simplemente destinataria de asistencia social, sino alguien en quien podía reconocerse el rostro de Cristo.2

La congregación dirige su apostolado especialmente hacia quienes carecen de apoyo familiar y social: personas sin hogar, enfermos graves, moribundos, huérfanos, personas con discapacidad, afectados por la lepra y otros grupos marginados. La atención pretende abarcar tanto las necesidades corporales como las espirituales.

Oración, Eucaristía y servicio

La vida de las religiosas combina contemplación y acción. Cada jornada comienza con la oración, la participación en la santa Misa y la adoración eucarística antes de salir al encuentro de los pobres. Madre Teresa consideraba inseparables a Jesús presente en la Eucaristía, Jesús presente en la comunidad y Jesús presente en los pobres.4,5

Esta estructura evita reducir la misión a una actividad asistencial. El servicio brota de la unión con Cristo y encuentra en la oración su fuente, su orientación y su perseverancia. La caridad cristiana no consiste solo en ofrecer recursos, sino también en acompañar con respeto, consolar, escuchar y reconocer la dignidad de cada persona.

Pobreza y sencillez

Las Misioneras de la Caridad viven una forma exigente de pobreza religiosa. Su hábito tradicional es un sari blanco con ribetes azules, elegido por su sencillez y vinculación con el entorno indio. La pobreza se expresa también en la austeridad de las casas, en la sencillez de la vida comunitaria y en la disponibilidad para acudir a lugares donde otros no quieren o no pueden trabajar.

La espiritualidad de la congregación presenta la santidad como una respuesta cotidiana al amor de Dios. Madre Teresa insistía en que la santidad no constituye un privilegio reservado a unos pocos, sino una vocación abierta a todos los cristianos. Las obras pequeñas, realizadas con fidelidad y amor, adquieren valor cuando nacen de la entrega a Dios.5

Obras apostólicas

Atención a los moribundos y a los enfermos

Una de las primeras iniciativas de Madre Teresa fue la apertura de una casa para moribundos en 1952. Para ella, cada enfermo y cada persona cercana a la muerte era «Jesús bajo el rostro desfigurado». La finalidad de estas casas consistía en ofrecer cuidados, compañía y una muerte digna a quienes con frecuencia fallecían abandonados en la calle.4

En 1955 fundó también una casa para niños abandonados y malnutridos, y en 1957 abrió un primer centro de atención a personas afectadas por la lepra. Más adelante, la congregación estableció casas para enfermos de sida, entre ellas una abierta en Nueva York en 1985.4,6

Expansión internacional

Durante las décadas de 1970 y 1980, las Misioneras de la Caridad ampliaron su presencia por Asia, Europa, África, América y Oceanía. Desde 1979 comenzaron a establecer comunidades en países comunistas, entre ellos Yugoslavia, varios territorios de la Unión Soviética, Albania y Cuba. La congregación también fundó casas en zonas afectadas por guerras, pobreza extrema y catástrofes.6

En 1997, año de la muerte de Madre Teresa, la congregación contaba con aproximadamente cuatro mil religiosas y unas seiscientas casas en ciento veinte países. Otros datos oficiales de la Santa Sede registraron 4.337 hermanas y 669 casas en 127 países en el momento de su fallecimiento.6,5

La familia religiosa de Madre Teresa

La obra de Madre Teresa no quedó limitada a las religiosas dedicadas al apostolado activo. La familia espiritual vinculada a su carisma incluye diversas ramas y asociaciones.

Hermanos y ramas contemplativas

En 1963 fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad. Posteriormente surgieron la rama contemplativa femenina, en 1976, los Hermanos Contemplativos, en 1979, y los Padres Misioneros de la Caridad, en 1984. Estas comunidades comparten el mismo núcleo espiritual, aunque desarrollan distintas formas de vida consagrada y servicio eclesial.3,1

La existencia de ramas contemplativas manifiesta que el carisma no se reduce al trabajo exterior. La oración, la adoración y la intercesión forman parte esencial de la misión, incluso cuando no existe una actividad asistencial directa.

Laicos y sacerdotes

Madre Teresa promovió también la participación de los laicos mediante los Colaboradores de Madre Teresa, asociación de carácter internacional e interreligioso. Entre ellos surgió un grupo destinado a personas enfermas y sufrientes, que ofrecían su oración y sus padecimientos unidos a la misión de la congregación. Más tarde, este espíritu inspiró a los Misioneros Laicos de la Caridad.3,1

En 1981 creó el Movimiento Corpus Christi para Sacerdotes, concebido como un camino sencillo de santificación para presbíteros que deseaban compartir su espiritualidad y su preocupación por los pobres.3

Madre Teresa y la vida interior

La vida espiritual de Madre Teresa incluyó una prolongada experiencia de oscuridad interior. Después de su muerte aparecieron testimonios sobre un profundo sentimiento de ausencia de Dios y una intensa sed de su amor. Ella denominaba a esta experiencia «la oscuridad» o «la noche» del alma. Lejos de apartarla de su misión, esta prueba interior la llevó a perseverar en la fe y a identificarse con el sufrimiento de Cristo y de los pobres.3,7

La Santa Sede presentó su espiritualidad como una unión entre el amor a Dios, la oración, los sacramentos, la Eucaristía y el servicio humilde. Madre Teresa entendía que la contemplación del rostro de Cristo en la Eucaristía debía conducir al encuentro con el rostro de Cristo en los más pobres.5

Reconocimiento eclesial y público

La labor de Madre Teresa recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el premio indio Padma Shri en 1962 y el Premio Nobel de la Paz en 1979. Ella acogía estos honores no como una exaltación personal, sino como una oportunidad para llamar la atención sobre la dignidad de los pobres y la responsabilidad de la sociedad hacia los abandonados.3,6

San Juan Pablo II consideró a Madre Teresa una testigo eminente de la vocación misionera de toda la Iglesia. También presentó su vida como una manifestación de que el amor cristiano puede dirigirse a cualquier persona, sin distinción de nacionalidad, religión o condición social.8

Muerte y legado

Madre Teresa murió el 5 de septiembre de 1997 en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad, en Calcuta. Recibió funerales de Estado el 13 de septiembre y fue sepultada en la propia Casa Madre. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación para personas de distintas confesiones religiosas.6

Su legado comprende una congregación internacional, varias comunidades religiosas, asociaciones de laicos y una forma de espiritualidad centrada en la oración y en las obras humildes de misericordia. La familia de las Misioneras de la Caridad continúa entendiendo su misión como un servicio a Jesús presente en los pobres, los enfermos, los solos y los abandonados.9

La importancia histórica de las Misioneras de la Caridad no reside solo en el número de sus casas o en la notoriedad de su fundadora. Su aportación característica consiste en haber unido la vida contemplativa con una presencia directa entre quienes padecen pobreza extrema, recordando a la Iglesia que la caridad cristiana exige oración, entrega personal y respeto incondicional por la dignidad de cada ser humano.

Citas y referencias

  1. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 8, agosto de 2003, 16 (2003). 2 3 4
  2. Papa Juan Pablo II. Carta en el 50.° aniversario de la fundación de las Misioneras de la Caridad (17 de octubre de 2000), 1 (2000). 2 3 4
  3. Oficina de Prensa de la Santa Sede. Madre Teresa de Calcuta, 1 (2003). 2 3 4 5 6 7
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 8, 2017, 8 (2017). 2 3
  5. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 8, agosto de 2003, 17 (2003). 2 3 4
  6. Vita e opere, El Dicasterio para las Causas de los Santos. Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) - Biografía, 1 (2016). 2 3 4 5
  7. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 3, marzo de 2005, 20 (2005).
  8. Papa Juan Pablo II. Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) - Carta apostólica, 1.
  9. Papa Benedicto XVI. Carta a la superiora general de las Misioneras de la Caridad en el centenario del nacimiento de la Beata Madre de Calcuta (26 de agosto de 2010), 1 (2010).
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