El primer anuncio
El primer anuncio presenta a Jesucristo como Salvador y llama a la conversión y a la fe. Constituye el punto de partida de la misión ad gentes, especialmente en contextos donde el Evangelio resulta desconocido o aparece deformado por prejuicios y malentendidos.
El anuncio debe conducir a una relación personal y comunitaria con Cristo. No pretende transmitir solo una información religiosa, sino invitar a acoger la vida nueva ofrecida por el Evangelio.
La catequesis
La catequesis acompaña el crecimiento de la fe después del primer anuncio. Ayuda a comprender la doctrina cristiana, a interpretar la Escritura, a vivir la moral evangélica y a participar conscientemente en la liturgia y en la vida de la Iglesia.
En las misiones ad gentes, la catequesis prepara la incorporación sacramental y forma discípulos capaces de asumir responsabilidades en sus propias comunidades.
La celebración de los sacramentos
Los sacramentos incorporan a los creyentes a la vida de Cristo y edifican la comunidad eclesial. El bautismo integra a la Iglesia; la Eucaristía alimenta su vida; la confirmación fortalece el testimonio; y los demás sacramentos acompañan las diversas dimensiones de la existencia cristiana.
La implantación de la Iglesia exige una vida sacramental estable, ministros adecuadamente formados y comunidades capaces de celebrar la fe de acuerdo con la disciplina de la Iglesia.
La caridad y las obras de misericordia
La caridad pertenece a la misión porque hace visible el amor de Dios. La atención a los pobres, los enfermos, los migrantes, los perseguidos y quienes sufren puede constituir un testimonio decisivo de Cristo.
Cuando el anuncio directo encuentra obstáculos, la caridad no sustituye al Evangelio, pero prepara el camino y hace presente el amor de Cristo.
La educación y la promoción humana
La actividad misionera incluye la formación humana y cristiana. Escuelas, centros de salud, iniciativas sociales y proyectos de desarrollo pueden servir a la dignidad de la persona y abrir espacios de encuentro entre el Evangelio y las culturas.
La promoción humana debe permanecer integrada en la misión evangelizadora. El servicio cristiano no reduce la misión a un programa social, pero tampoco permite anunciar el Evangelio ignorando la pobreza, la injusticia o el sufrimiento concreto de las personas.