La Alemania nazi y la Iglesia
Tras la toma del poder por el Partido Nacional‑Socialista en 1933, el régimen impuso medidas que restringían la libertad de culto, obligaban a los jóvenes a incorporarse a la Juventud Hitleriana y perseguían a los que defendían la fe católica. Los obispos alemanes solicitaron al Vaticano una respuesta clara ante la creciente represión2.
La respuesta papal previa
Pío XI ya había denunciado el fascismo italiano en la encíclica Non Abbiamo Bisogno (1931) y, en 1933, había negociado el Concordato con el Reich, intentando salvaguardar la misión pastoral de la Iglesia. Sin embargo, el incumplimiento sistemático del tratado y la escalada de la persecución obligaron al Papa a pronunciarse con mayor firmeza2.
