El modalismo interpreta las diferencias entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como diferencias de denominación o de actuación, no como distinciones reales en la vida divina. En algunas formulaciones, Dios sería el Padre en un momento o relación, el Hijo en otro y el Espíritu Santo en otro. El Hijo, por tanto, no sería una Persona divina distinta del Padre, sino una manera en que el Padre se manifiesta en la historia.1,2
Esta postura suele asociarse al monarquianismo modalista. El término monarquianismo alude a la defensa de la soberanía y unidad de Dios; en su variante modalista, esa defensa acaba reduciendo las tres Personas a manifestaciones de un único sujeto. La antigua enciclopedia católica distingue este planteamiento de otras formas de monarquianismo, aunque reconoce que las fuentes antiguas no siempre permiten clasificar con certeza a algunos autores.3,4
El nombre modalismo describe, por tanto, una tesis teológica: que las diferencias entre Padre, Hijo y Espíritu Santo son modos de manifestación. La tradición vinculó especialmente esta postura con Sabelio, por lo que también recibe el nombre de sabelianismo. No todas las corrientes agrupadas bajo el monarquianismo sostuvieron exactamente las mismas ideas.3,1
