El modernismo abarcó una serie de ideas y tendencias que, aunque no siempre unificadas en cada individuo, compartían un espíritu de emancipación y cambio. Pío X lo describió como un «sistema completo» y una «síntesis de todas las herejías».
Las principales características y doctrinas modernistas incluían:
Emancipación y Subjetivismo
Los modernistas buscaban la emancipación en varios frentes:
Emancipación de la autoridad eclesiástica: Tendían a debilitar la autoridad de la Iglesia.
Emancipación de la ciencia: Defendían que la ciencia debía investigar sin temor a conflictos con la Iglesia.
Emancipación del Estado: Sostenían que el Estado no debía ser obstaculizado por la autoridad religiosa.
Emancipación de la conciencia privada y universal: Creían que las inspiraciones de la conciencia individual no debían ser anuladas por las definiciones papales, y que la Iglesia debía estar siempre en armonía con la conciencia universal.
El subjetivismo en la religión fue un principio clave, donde la experiencia religiosa interna se consideraba la fuente primaria de la fe. Los dogmas, en esta visión, no eran verdades objetivas y eternas, sino formulaciones que surgían del sentimiento religioso y evolucionaban con él,.
Evolución del Dogma y la Revelación
Para los modernistas, la doctrina de la fe no era un depósito divino inmutable, sino algo sujeto a un progreso continuo e indefinido que correspondía al avance de la razón humana. Consideraban que las fórmulas dogmáticas eran precarias y debían cambiar si dejaban de adaptarse a las necesidades de la época. Esto implicaba que la revelación divina era imperfecta y que el sentido de los dogmas sagrados podía abandonarse en favor de una comprensión más profunda de la verdad.
Alfred Loisy, una figura central del modernismo, sostenía que la crítica histórica debía ser independiente de la fe y el credo, tanto en su método como en sus resultados, incluso si se realizaba al servicio de la Iglesia.
Crítica Bíblica y Exégesis
Los modernistas aplicaron la crítica racionalista a la exégesis bíblica, tratando las profecías y los milagros de las Sagradas Escrituras como «imaginaciones poéticas». Distinguían entre una exégesis teológica/pastoral y una exégesis científica/histórica, y en sus escritos históricos a menudo omitían la divinidad de Cristo o ignoraban a los Padres y Concilios.
Filosofía Idealista y Agnóstica
La base filosófica del modernismo se consideraba kantiana, en el sentido de que adoptaba un agnosticismo que negaba la capacidad de la razón especulativa para obtener un conocimiento verdadero de las cosas suprasensibles. Esta postura llevaba a una «filosofía de la acción» (como la de Maurice Blondel) o un «dogmatismo moral» (como el de Lucien Laberthonnière), donde la existencia de Dios se aceptaba no por el intelecto, sino por un profundo anhelo interior o por las «actividades de la vida».