Fe, experiencia y razón
Algunos pensadores modernistas otorgaron un papel central a la experiencia religiosa interior. Desde esa perspectiva, la fe no comenzaba principalmente con una demostración intelectual, sino con la experiencia de la persona y su búsqueda de Dios. Maurice Blondel, aunque su relación con el modernismo fue objeto de debate, desarrolló una filosofía de la acción que partía de la actividad y el deseo humanos para abordar la cuestión de Dios. Laberthonnière, por su parte, vinculó el conocimiento religioso con las distintas dimensiones de la vida.
La controversia no consistía en admitir que la vida cristiana incluye experiencia, voluntad y afectividad: la tradición católica también reconoce esas dimensiones. El problema surgía cuando la experiencia subjetiva ocupaba el lugar de criterio último de la verdad religiosa o cuando la razón quedaba considerada incapaz de conocer afirmaciones objetivas sobre Dios. Los críticos del modernismo entendieron que esa primacía podía conducir al subjetivismo religioso.,
Revelación y evolución de los dogmas
Una cuestión decisiva fue el significado del dogma. La doctrina católica entiende el dogma como una verdad revelada que la Iglesia propone definitivamente para la fe; la formulación puede desarrollarse, pero no convierte la verdad confesada en algo contrario a lo que la Iglesia recibió. Algunos autores relacionados con el modernismo, en cambio, interpretaron los dogmas sobre todo por su función práctica o por su expresión histórica, y defendieron que las fórmulas religiosas debían recibir reinterpretaciones continuas.
Édouard Le Roy, por ejemplo, propuso comprender el dogma atendiendo a su relación con la conducta cristiana, en lugar de considerarlo ante todo una proposición especulativa sobre la realidad. Los críticos de esta posición temían que redujese la verdad dogmática a una regla práctica y debilitase su contenido objetivo.
No todos los autores etiquetados como modernistas sostuvieron una misma teoría del dogma. La amplitud del término y la diversidad de sus posiciones contribuyeron a que contemporáneos de la crisis discutieran tanto la precisión de la etiqueta como el alcance de la condena.,
Biblia e historia de la Iglesia
La aplicación de métodos históricos y críticos a la Biblia planteó preguntas sobre la relación entre los textos, la predicación de Jesús y la fe de las primeras comunidades. Alfred Loisy destacó por sus estudios bíblicos y por su empleo de la crítica histórica. Sus conclusiones sobre los orígenes cristianos y la evolución de la Iglesia fueron rechazadas por la autoridad eclesiástica.,
Loisy sostuvo que la Iglesia había cambiado de forma a medida que respondía a sus necesidades históricas, e interpretó la formación de la jerarquía como parte de ese proceso. Su explicación de los orígenes eclesiales, junto con su interpretación de las expectativas de los primeros cristianos, formó parte de las tesis controvertidas durante la crisis. La doctrina católica, por el contrario, no considera la Iglesia una mera asociación nacida de la experiencia religiosa colectiva, sino una realidad cuyo origen y misión remiten a la iniciativa de Cristo.
El debate no equivale a afirmar que cualquier estudio histórico de la Biblia sea modernista. La controversia se centró en las conclusiones doctrinales atribuidas a determinados autores y en si sus métodos conducían a negar afirmaciones fundamentales de la fe.,