La tradición católica ve en Moisés una figura o tipo de Jesucristo, el «nuevo Moisés», que cumple y supera lo que fue prefigurado en el Antiguo Testamento,.
Mediador de una Nueva Alianza
Moisés fue el mediador de la Antigua Alianza, basada en la sangre de animales sacrificados y la promesa de obediencia a la palabra de Dios. Sin embargo, los israelitas rompieron esta alianza al adorar el becerro de oro. Jesús, como el nuevo Moisés, forjó una nueva y eterna alianza, fundada en su obediencia irrevocable y en su sacrificio hasta la muerte, tomando sobre sí toda la desobediencia humana y conquistándola. Él es el mediador de una alianza mayor que la que Moisés trajo del Sinaí.
El Profeta como Moisés
Deuteronomio 18:15 promete un profeta «como yo» que Dios levantará de entre el pueblo, a quien se deberá escuchar. Esta promesa, según Benedicto XVI, implica una «mayor expectativa»: el nuevo Moisés tendrá una visión real e inmediata del rostro de Dios, algo que le fue negado al primer Moisés, quien solo pudo ver la «espalda de Dios»,. Juan 1:18, «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima unión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer», revela que Jesús es el cumplimiento de esta profecía,.
La Nueva Torá y el Sermón de la Montaña
El Mesías debía traer una «Torá renovada». Jesús, como el nuevo y definitivo Moisés, trae una nueva y definitiva Torá. En el Sermón de la Montaña, Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés promulgando la nueva Ley. Jesús no solo proclama el Sermón de la Montaña, sino que lo encarna, siendo la nueva Torá viviente, la ley del amor. A diferencia de Moisés, Jesús es la ley del amor encarnada.
El Pan de Vida y el Agua Viva
Moisés proveyó maná en el desierto para su pueblo. Jesús se presenta como el verdadero pan del cielo, su propio Cuerpo, que da vida al mundo, superando el maná,. De la misma manera, Moisés hizo brotar agua de la roca para saciar la sed del pueblo. Jesús es la «roca vivificante» de la que brotan ríos de agua viva, el Espíritu Santo, para saciar la sed espiritual de la humanidad,,.
La Transfiguración
La tipología de Jesús como el nuevo Moisés alcanza su clímax en la Transfiguración, antes de su muerte y resurrección. En este evento, el rostro de Jesús «resplandeció como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (Mt 17:2). A diferencia de Moisés, cuya piel brillaba por la luz que venía de fuera después de hablar con Dios, Jesús irradia luz desde dentro; Él mismo es «luz de luz». La Transfiguración, un evento de oración, muestra la profunda interpenetración del ser de Jesús con Dios, una unidad ontológica que excede la amistad entre Dios y Moisés.