Luis de Molina
Luis de Molina nació en Cuenca en 1535 y entró en la Compañía de Jesús a los dieciocho años. Estudió filosofía y teología en Coímbra, enseñó filosofía en esa ciudad y posteriormente ocupó una cátedra de teología en Évora. Durante aproximadamente treinta años trabajó en su principal obra, la Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia, la presciencia divina, la providencia, la predestinación y la reprobación. La obra apareció en Lisboa en 1588.1
Molina escribió su tratado como un comentario teológico a determinados pasajes de la Suma teológica de santo Tomás de Aquino. Su propósito consistía en ofrecer una explicación sistemática de la compatibilidad entre la libertad humana y la gracia eficaz, dentro del marco doctrinal católico reafirmado por el Concilio de Trento.1
La propuesta de Molina adquirió una importancia especial porque pretendía evitar dos extremos: atribuir a Dios una determinación incompatible con la libertad y, al mismo tiempo, limitar la providencia divina sobre las decisiones humanas. Su planteamiento no reducía la gracia a una mera ayuda externa, sino que la entendía como una acción sobrenatural que coopera realmente con la voluntad.2
La controversia de auxiliis
La discusión alcanzó su máxima intensidad a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. El debate recibió el nombre de controversia de auxiliis, expresión latina que alude a las ayudas de la gracia.
La publicación de la Concordia convirtió el sistema de Molina en el centro de la controversia. Los dominicos, especialmente Domingo Báñez, defendieron la primacía de la gracia eficaz y la doctrina de la premoción física. Los jesuitas, por su parte, defendieron una concepción de la cooperación divina que protegiera de manera más explícita la autodeterminación de la voluntad.3
La Congregación de auxiliis fue creada en Roma para examinar las posiciones enfrentadas. La controversia no trataba únicamente de la gracia: también incluía cuestiones sobre la libertad, la presciencia de los actos futuros contingentes, la predestinación y la causalidad divina.3


