Características generales
El monarquianismo adopcionista, también llamado dinamismo, consideraba que Jesús era inicialmente un hombre y que recibió una dignidad especial de Dios. La acción divina en él podía describirse mediante términos como poder, fuerza o energía-en griego, dýnamis-. Por esta razón, los historiadores modernos emplean a veces la expresión «monarquianismo dinámico».
Esta corriente no entendía siempre de la misma manera la relación entre Jesús y Dios. Algunas formulaciones presentaban a Jesús como un hombre especialmente justo que fue elegido o adoptado por Dios; otras le concedían una dignidad extraordinaria después de la resurrección. Su rasgo común consistía en negar que Jesucristo fuera eternamente el Hijo divino, consustancial al Padre.
La antigua denominación más precisa para algunos de estos grupos era teodotianos, por su relación con Teódoto de Bizancio. La etiqueta «monarquianismo» acabó aplicándose a ellos por razones históricas, aunque su problema principal era cristológico -la identidad de Cristo- y no una teoría general sobre la monarquía de Dios.
Teódoto de Bizancio
Teódoto de Bizancio, un curtidor que llegó a Roma durante el pontificado de Víctor, enseñaba que Jesús era un hombre nacido de una virgen conforme al designio del Padre. Según la descripción transmitida por Hipólito, Cristo descendió sobre Jesús en el bautismo bajo la figura de una paloma, y los milagros comenzaron cuando el Espíritu se manifestó en él.
Esta doctrina no reconocía inicialmente que Jesús fuera Dios en sentido propio. Algunos miembros del grupo le atribuían una condición divina después de la resurrección, pero no confesaban la filiación divina eterna del Verbo.
La tradición antigua relacionó la condena de Teódoto con su supuesto pasado personal. Según ese relato, había negado a Cristo durante una persecución y, para justificar su conducta, habría sostenido que el ser humano que negó no era Dios. La noticia procede de fuentes polémicas antiguas y debe valorarse dentro del género apologético de la época.
Teódoto el banquero y Melquisedec
Entre los seguidores de Teódoto apareció otro personaje llamado Teódoto, apodado «el banquero». Este autor añadió una interpretación particular sobre Melquisedec. Lo consideraba una potencia celestial que intercedía por los ángeles, del mismo modo que Jesucristo intercedía por los seres humanos.
La doctrina recurría a la Carta a los Hebreos, especialmente a su presentación de Melquisedec, aunque la Iglesia rechazó la transformación de este personaje bíblico en una potencia celestial superior.
Pablo de Samosata
Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, defendió una doctrina cristológica próxima al adopcionismo. Distinguía entre el hombre Jesús y el Logos, y explicaba la filiación divina como una dignidad alcanzada por mérito. Esta concepción situaba a Cristo fuera de la esfera divina propiamente dicha, aunque pudiera concederle títulos elevados.
Tres sínodos celebrados en Antioquía entre los años 264 y 268, o quizá en 269, condenaron y excomulgaron a Pablo de Samosata. Los obispos rechazaron su doctrina, aunque no adoptaron todavía la fórmula homoousios-«de la misma sustancia»-, porque temían que algunos la interpretaran en sentido material o filosófico.
La importancia histórica de Pablo de Samosata reside en que su pensamiento muestra cómo una defensa radical de la unicidad personal de Dios podía desembocar en la negación de la divinidad plena de Cristo. También permite distinguir el adopcionismo de los debates posteriores sobre el arrianismo: no toda doctrina que rebaja la divinidad del Hijo pertenece técnicamente al mismo movimiento.