La historia de Cluny estuvo marcada por una sucesión de abades de gran autoridad espiritual y política. Entre ellos destacan Bernón, Odón, Mayolo, Odilón, Hugo el Grande y Pedro el Venerable. La tradición cluniacense presentó a estos abades como hombres entregados a la oración, a la disciplina monástica y al servicio de la Iglesia.,,
San Odón
Odón consolidó la reforma después de Bernón. Bajo su dirección, el silencio, la oración y el trabajo interior ocuparon un lugar central. La organización de la liturgia cluniacense adquirió entonces una forma más definida y ejerció influencia sobre otras comunidades benedictinas.,
San Mayolo
Mayolo continuó la expansión de la reforma y reforzó la autoridad moral de Cluny. Los abades cluniacenses actuaron como visitadores, mediadores y reformadores en diversos monasterios, contribuyendo a la recuperación de la disciplina religiosa.,
San Odilón
Odilón desarrolló la dimensión intercesora de la espiritualidad cluniacense. La oración por los difuntos, la celebración litúrgica y la atención a los pobres formaron parte esencial de la misión de la congregación. El monasterio entendía su servicio a la Iglesia como una ofrenda espiritual en favor de toda la cristiandad.,
San Hugo el Grande
Hugo, abad desde 1049 hasta 1109, llevó a Cluny a una posición de extraordinaria influencia. Durante su gobierno, la abadía mantuvo estrechas relaciones con reyes, emperadores, obispos y papas. Enrique IV y la emperatriz Inés recurrieron a su consejo y solicitaron sus oraciones. Hugo también mantuvo relaciones con los reyes de Castilla, León e Inglaterra.
En 1081, los reyes y príncipes de los distintos reinos cristianos de España lo eligieron árbitro para resolver una cuestión sucesoria. Su intervención en conflictos políticos y eclesiales muestra el prestigio que podía alcanzar un abad medieval sin ejercer un cargo episcopal.
Hugo intervino también en asuntos relacionados con la paz entre nobles y con la defensa de los bienes de la Iglesia. Su mediación ante Roberto II de Borgoña contribuyó a reconciliar al duque con sus adversarios y a obtener el compromiso de respetar las propiedades eclesiásticas.