El término monofisismo se deriva del griego monē physis, que significa «una sola naturaleza»1. Aunque el término latino monophysita comenzó a usarse a finales del siglo VI, siendo hallado por primera vez en cartas de San Gregorio Magno en 601 y 602, se empleó para describir a quienes se oponían a la fórmula cristológica del Concilio de Calcedonia1. Los monofisitas sostenían que Cristo tenía una sola naturaleza, ya sea divina, o una mezcla de la divina y la humana que formaba una nueva tercera naturaleza1.
Los orígenes de esta doctrina se remontan a Apolinar de Laodicea (m. c. 390) y su fórmula mia physis tou Theou logou sesarkōmenē («la única naturaleza encarnada del Verbo de Dios»)1. Sin embargo, la figura central en el surgimiento del monofisismo fue el archimandrita Eutiques, quien fue condenado en un sínodo en Constantinopla en el año 448 por su cristología docetista, al afirmar que el cuerpo de Jesús no era como el nuestro1. Eutiques creía que la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la divina, o que de la unión de ambas resultó una tercera naturaleza por mezcla física2,3.
La respuesta a la condena de Eutiques fue el llamado «Latrocino» o «Sínodo de los Ladrones» de Éfeso en 449, presidido por el agresivo Arzobispo Dióscoro de Alejandría1. Este sínodo apoyó a Eutiques y depuso a Flaviano de Constantinopla, quien había condenado a Eutiques4. La oposición a Calcedonia se interpretó como una traición a la terminología de San Cirilo de Alejandría, quien había usado la fórmula mia physis tou Theou logou sesarkōmenē con un contenido ortodoxo, aunque los monofisitas la malinterpretaron1,5.
