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Monotelismo

El monotelismo fue una doctrina cristológica del siglo VII que reconocía en Jesucristo dos naturalezas, divina y humana, pero le atribuía una sola voluntad. Surgió en el Imperio bizantino dentro de los intentos por alcanzar la unidad entre cristianos divididos por controversias anteriores. La Iglesia católica lo condenó en el tercer Concilio de Constantinopla, que definió que Cristo posee dos voluntades naturales, correspondientes a sus dos naturalezas, unidas sin oposición en la única persona del Hijo.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMonotelismo
CategoríaTérmino
DescripciónDoctrina cristológica del siglo VII que reconocía en Jesucristo dos naturalezas pero una sola voluntad. Doctrina según la cual Cristo tiene una sola voluntad
Año de Condena680-681
Año de OrigenSiglo VII
Autoridades ImplicadasSergio de Constantinopla, Ciro de Alejandría, Teodoro de Fará, emperador Heraclio, emperador Constante II
Contexto HistóricoSurgió en el Imperio bizantino dentro de los intentos por alcanzar la unidad entre cristianos divididos tras el Concilio de Calcedonia.
Eventos RelacionadosConcilio de Calcedonia, Sínodo de Letrán (649), Tercer Concilio de Constantinopla
Lugar de OrigenImperio bizantino
Personas relacionadasHonorio I
Personas RelacionadasSofronio de Jerusalén, Martín I, Máximo el Confesor, Honorio I
ResoluciónCondenado en el tercer Concilio de Constantinopla que definió dos voluntades naturales en Cristo.
TemaMonoenergismo, Ecthesis, Typos
TipoHerejía

Tabla de contenido

Nombre y definición

La palabra monotelismo procede del griego mónos («uno») y thélēma («voluntad»). Designa la doctrina según la cual Cristo tiene una sola voluntad. Aunque sus defensores admitían las dos naturalezas de Cristo, divina y humana, negaban que la naturaleza humana tuviera una voluntad propia.1,2

El monotelismo guarda relación con el monoenergismo, que atribuía a Cristo una sola operación o actividad. En el debate, la cuestión de la actividad de Cristo y la de su voluntad quedaron estrechamente vinculadas: la voluntad constituye el principio del querer y, por tanto, del obrar. No obstante, ambos términos designan tesis distintas: el monoenergismo trata de la operación; el monotelismo, de la voluntad.1,3

Contexto histórico

Los intentos de conciliación

La controversia tuvo lugar después del Concilio de Calcedonia, celebrado en 451, que confesó a Jesucristo como una sola persona en dos naturalezas. En el siglo VII, algunos dirigentes bizantinos buscaron fórmulas que acercasen a los cristianos calcedonianos y a grupos que rechazaban o interpretaban de otro modo la definición de Calcedonia. La propuesta de centrar la unidad de Cristo en una sola operación y luego en una sola voluntad pretendía facilitar esa reconciliación.1

El patriarca Sergio de Constantinopla impulsó inicialmente la fórmula de una sola operación. En 633, Sergio, Ciro de Alejandría y Teodoro de Fará presentó la expresión «una operación teándrica», es decir, una actividad divino-humana. La fórmula contribuyó a una conciliación pasajera en Egipto, pero provocó la oposición de Sofronio, entonces monje y más tarde patriarca de Jerusalén.1

Ante las protestas, Sergio promovió una política de silencio sobre si Cristo tenía una o dos operaciones y prohibió también hablar de dos voluntades. La cuestión pasó así del debate acerca de una única actividad al de una única voluntad. En 638, el emperador Heraclio promulgó la Ecthesis, que abandonó las fórmulas de una o dos operaciones y confesó una sola voluntad en Cristo.1,3

El Typos y la oposición

En 648, el emperador Constante II publicó el Typos, que prohibía debatir si Cristo tenía una o dos voluntades, así como si tenía una o dos operaciones. La medida no resolvió la controversia: en 649, el sínodo de Letrán, con la participación del papa Martín I y de san Máximo el Confesor, condenó la fórmula de una sola voluntad y rechazó que el poder imperial impusiera una solución a una controversia doctrinal.1,3

La oposición de san Máximo el Confesor fue decisiva para aclarar el problema. Máximo sostuvo que negar la voluntad humana de Cristo comprometía la realidad plena de su naturaleza humana, afirmada por Calcedonia. También explicó que reconocer dos voluntades no equivale a atribuir a Cristo dos quereres enfrentados.1,4

La controversia sobre la voluntad de Cristo

Voluntad natural y elección

La argumentación de Máximo distinguía entre la voluntad natural y la elección. La voluntad natural es la capacidad de querer propia de una naturaleza racional; por ello, pertenece tanto a la naturaleza humana como a la divina. La elección, en cambio, es el acto concreto de decidir. Esta distinción permitía sostener que Cristo posee voluntad humana sin atribuirle pecado, vacilación moral ni oposición a Dios.1

La diferencia entre dos voluntades tampoco implica contrariedad entre ellas. En Cristo, la voluntad humana es verdaderamente humana, pero actúa en plena conformidad con la voluntad divina. La oposición pecaminosa no forma parte de la naturaleza humana como tal, sino de una condición contraria a ella. Por eso, la humanidad de Cristo no queda disminuida por su obediencia perfecta al Padre.4

La agonía de Jesús

Un pasaje central de la controversia fue la oración de Jesús en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Para Máximo, estas palabras expresan una voluntad humana auténtica. Jesús acepta libremente la pasión y manifiesta su obediencia al Padre; esa obediencia presupone que posee una voluntad humana capaz de querer.5

La voluntad humana de Cristo no se opone a la divina como si hubiese en él una rebelión o un conflicto moral. La diferencia entre ambas expresa la integridad de sus dos naturalezas; su acuerdo manifiesta la unidad de la persona de Cristo y la perfecta obediencia de su humanidad. Confundir diferencia con oposición fue uno de los errores conceptuales que alimentó la controversia.6,4

La posición del papa Honorio I

El papa Honorio I intervino en la disputa mediante una respuesta a Sergio. Su postura se centró en evitar que se atribuyera a Cristo una voluntad desobediente o contraria a la divina. El problema de su intervención radicó en que no aclaró adecuadamente la cuestión ontológica planteada: si Cristo poseía realmente una voluntad humana natural. Una interpretación histórica distingue, por tanto, entre negar una voluntad humana en Cristo y negar que sus voluntades pudieran estar enfrentadas.1,4

El tercer Concilio de Constantinopla condenó posteriormente a varios defensores del monotelismo y también incluyó a Honorio entre quienes recibieron censura en el contexto de la controversia. La intervención de Honorio ha sido objeto de debate histórico y teológico; no debe reducirse sin más a una formulación deliberada y plenamente desarrollada de la doctrina monoteleta.7,1

Condena doctrinal

El tercer Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, es reconocido como el sexto concilio ecuménico. Definió que en Cristo existen dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, divina y humana. La voluntad humana de Cristo no se opone a la divina: la sigue y se somete a ella libremente. Así, el concilio rechazó tanto la negación de la voluntad humana como la idea de que la dualidad de voluntades implicase división de Cristo.2,7

Esta definición desarrolla las consecuencias de confesar a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre. Si su humanidad fuese incompleta, carecería de una facultad humana esencial: la voluntad. Si tuviese una voluntad humana rebelde contra Dios, la unidad y santidad de su persona quedarían comprometidas. La doctrina católica sostiene, en cambio, que Cristo es plenamente humano y que su voluntad humana coopera perfectamente con la divina.7,2

Importancia teológica

El debate monoteleta no fue una disputa meramente terminológica. Afectaba a la comprensión de la encarnación y de la salvación: la obediencia de Cristo y su entrega libre al Padre pertenecen realmente a su humanidad. La afirmación de dos voluntades permite reconocer que el Hijo asumió una naturaleza humana completa, sin convertirla en un instrumento pasivo ni confundirla con la divinidad.8,5

La distinción entre voluntad y elección ayuda también a entender por qué la libertad humana no exige la posibilidad de pecar. En la doctrina cristológica, Jesús quiso humanamente el cumplimiento de la voluntad del Padre; su obediencia no anuló su voluntad, sino que expresó su perfección y su unión con Dios.4,5

Evolución posterior

Las fórmulas monoteletas perdieron fuerza tras la condena conciliar. La controversia dejó una precisión doctrinal duradera: en Cristo hay una sola persona, el Hijo, y dos naturalezas completas, divina y humana; por ello posee las facultades y operaciones propias de ambas. La diferencia entre las naturalezas no divide a Cristo, y la unidad de su persona no elimina la realidad de su humanidad.2,3

Citas y referencias

  1. Monotelismo, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico de Oriente cristiano, Monotelismo (2015). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. La encarnación, Enciclopedia Católica, La Encarnación (1913). 2 3 4 5
  3. Constantinopla III, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico de Oriente cristiano, Constantinopla III (2015). 2 3 4
  4. Scripta Theologica. Recensiones, 28 (1979). 2 3 4 5
  5. Scripta Theologica. Recensiones, 29 (1979). 2 3
  6. Scripta Theologica. Recensiones, 27 (1979).
  7. Monotelismo y monotelitas, Enciclopedia Católica, Monotelismo y monotelitas (1913). 2 3
  8. Confut. ix. Herejía de los monotelitas que daban a Cristo una sola naturaleza y una sola operación, Alfonso María de Ligorio. Historia de las herejías con sus refutaciones, 161 (1880).
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