El Monte de los Olivos se eleva frente a Jerusalén, a unos 800 metros sobre el nivel del mar, formando una cadena de colinas que se extienden de norte a sur.1 No es una montaña aislada, sino un conjunto de cumbres, entre las que destacan las denominadas por la tradición cristiana como los Hombres de Galilea, la Ascensión —donde se ubica el pueblo de Kafr et-Tur— y los Profetas, con antiguas tumbas excavadas en la roca.1 Al suroeste, termina en el Jebel Batn el-Hawa, conocido como el Monte de la Ofensa, asociado en la tradición con los altares idólatras de Salomón.1
Su suelo fértil, cubierto históricamente de olivos, viñedos y cereales, contrasta con la aridez circundante, evocando la bendición divina.1 Separado de la ciudad por el torrente Cedrón, se encuentra a una distancia de un «camino de sábado» (aproximadamente 1 km), lo que lo hace accesible para procesiones y retiros.1 Hoy, jardines de olivos antiguos perduran, recordando su nombre bíblico (Mons Olivarum en latín).

