El movimiento es mencionado en fuentes antiguas con nombres vinculados a su lugar de origen. En particular, se le relaciona con los «frigios» (Phrygians), y posteriormente con el término montanistas, así como con otras denominaciones locales como pepuzians (relacionados con Pepuza) y, en Occidente, catafrigios.1,2
En las discusiones patrísticas del periodo, el montinianismo aparece como un cisma: se lo considera separado de la comunión eclesial «católica» (en sentido histórico de la gran Iglesia), y se le atribuye el recurso a profecías y a un modo de actuar considerado impropio o peligroso para la fe y la disciplina.1,2,3
