El nombre correcto es montanismo, derivado de Montano, su principal iniciador. Las expresiones montinianismo, frigianismo, cataprigianismo y «la herejía de los frigios» aparecen en contextos históricos diversos, aunque la primera forma carece de la precisión terminológica de montanismo.
El movimiento nació en la región de Frigia, en Asia Menor, probablemente hacia los años 150-170. Eusebio de Cesarea sitúa las primeras manifestaciones de Montano en la localidad de Ardabau, cerca de la frontera entre Misia y Frigia. Según su relato, Montano era un converso reciente cuando comenzó a hablar en estado de frenesí y éxtasis, de una manera que sus adversarios juzgaron contraria a la tradición profética de la Iglesia.1
Montano reunió a dos colaboradoras principales: Priscila o Prisca y Maximila. Los partidarios del movimiento consideraban a los tres instrumentos privilegiados de una nueva acción del Paráclito, es decir, del Espíritu Santo. Eusebio resume esta convicción al afirmar que los seguidores de Montano presentaban a su fundador como el Paráclito y a las dos mujeres como profetisas.2


