Una cartera de inversión es el conjunto de activos que posee una persona o institución. La selección ética de esa cartera requiere combinar criterios financieros y morales.
Investigación del destino de los capitales
Antes de invertir conviene conocer:
- La actividad principal de la empresa.
- Sus productos y servicios.
- Sus proveedores.
- Sus condiciones laborales.
- Su política fiscal.
- Su relación con el medio ambiente.
- La composición de sus órganos de gobierno.
- Los litigios y sanciones relevantes.
- El destino concreto de los fondos captados.
La falta de conocimiento no elimina necesariamente la responsabilidad. Cuando una persona puede informarse razonablemente y decide no hacerlo por indiferencia ante las consecuencias, su decisión pierde prudencia moral.
El criterio de exclusión o selección negativa
El cribado negativo consiste en excluir de la cartera determinadas empresas, sectores o emisores por su participación significativa en actividades incompatibles con la dignidad humana o con el bien común.
Entre los ámbitos que pueden justificar la exclusión figuran:
- El aborto provocado.
- La explotación sexual y la pornografía.
- La trata de personas.
- El trabajo forzoso.
- La explotación laboral infantil.
- La fabricación o proliferación de armas gravemente destructivas.
- Determinadas actividades relacionadas con sustancias adictivas.
- Los servicios de juego que explotan la adicción.
- Prácticas empresariales gravemente discriminatorias.
La guía católica para inversores recoge criterios de exclusión relacionados con la protección de la vida, la dignidad sexual, el trabajo decente, la lucha contra la trata y la responsabilidad hacia la creación.
El cribado negativo exige prudencia en la aplicación. Muchas empresas desarrollan actividades diversas y pueden mantener relaciones indirectas con sectores controvertidos. Por eso conviene valorar la proporción de ingresos, el grado de control empresarial, la finalidad de la actividad y la posibilidad real de influir en sus prácticas.
El criterio de promoción o selección positiva
El cribado positivo no se limita a evitar empresas dañinas. Busca favorecer compañías que muestran mejores prácticas dentro de su sector o que contribuyen activamente al desarrollo humano integral.
Este criterio puede valorar:
- La creación de empleo digno.
- La inclusión de personas vulnerables.
- La protección de la familia.
- La atención sanitaria.
- El acceso a la vivienda.
- La educación.
- Las energías limpias.
- La protección de la biodiversidad.
- La lucha contra la pobreza.
- La transparencia corporativa.
- La participación de los trabajadores.
- El respeto a accionistas, clientes, proveedores y comunidades.
La selección de empresas líderes en responsabilidad social y ambiental permite unir criterios financieros con la dignidad humana, la ecología integral y el bien común.
Inversión de impacto
La inversión de impacto dirige el capital hacia proyectos que buscan producir una consecuencia social o ambiental beneficiosa, además de una rentabilidad económica razonable.
No equivale a una donación ni exige renunciar siempre al rendimiento. Una inversión de impacto puede aspirar a beneficios comparables con los de otras inversiones, siempre que sus objetivos sociales formen parte real del proyecto y puedan evaluarse con criterios transparentes.
El inversor debe evitar el riesgo de la publicidad engañosa. Una entidad puede utilizar una imagen ecológica o social sin modificar sustancialmente sus prácticas. La evaluación ética requiere indicadores verificables y una lectura crítica de la información corporativa.
Cribado negativo y positivo en conjunto
La exclusión y la promoción no constituyen métodos opuestos. Una cartera coherente puede:
- Excluir actividades gravemente contrarias a la dignidad humana.
- Comparar las empresas restantes mediante criterios sociales y ambientales.
- Favorecer a las entidades con mejores prácticas.
- Ejercer los derechos del accionista para promover mejoras.
- Revisar periódicamente la cartera.
La orientación católica no consiste solo en crear sectores financieros etiquetados como éticos. Toda la economía y todo el sistema financiero deben respetar exigencias morales internas, porque las finanzas forman parte de la actividad humana.