El movimiento recibe el nombre popular de focolares por el «focolare», imagen espiritual que remite a la comunidad reunida en torno a Cristo, y por el clima de casa y familia que inspira su vida comunitaria.4
Diversos mensajes de los Romanos Pontífices identifican el movimiento también como «Obra de María», vinculándolo a la consagración a Dios realizada por Chiara Lubich en Trento a finales de 1943.3,5,1,6

