Para que un movimiento sea considerado auténticamente eclesial, debe cumplir con ciertos criterios de eclesialidad,. Estos criterios aseguran que los movimientos, sin perder su originalidad y riqueza, se inserten armoniosa y fructíferamente en la vida de la Iglesia.
Comunión con la Jerarquía
Una característica fundamental es la comunión sin rupturas con la Iglesia y la obediencia a sus pastores. Esto implica una sincera y leal vinculación del movimiento con sus legítimos pastores, así como una fiel adhesión a los objetivos de la Iglesia. El obispo tiene el derecho y el deber de dar las directrices para la actividad pastoral, y todos tienen la obligación de conformarse a ellas. Los movimientos deben fomentar la comunión eclesial no solo dentro de sus propios grupos, sino también con todos los miembros de la comunidad parroquial y diocesana. No pueden considerarse como alternativas a las comunidades parroquiales, sino que tienen el deber de servir a la parroquia y a la Iglesia particular.
El Papa Francisco ha enfatizado que la pertenencia a un movimiento eclesial debe ser «para la Iglesia, como un ‘paso’ para ayudar a la Iglesia». Los movimientos que se cierran en sí mismos «deberían ser eliminados, no son eclesiales». La verdadera comunión no puede existir en los movimientos si no están integrados en la comunión más grande de la Iglesia jerárquica.
Misión y Evangelización
Los movimientos eclesiales son un «don providencial» para la nueva evangelización. Liberan un intenso celo misionero en muchos fieles laicos, que es indispensable para la Iglesia en su misión. Esta misión se logra cuando los movimientos «buscan humildemente integrarse en la vida de las Iglesias locales y son acogidos por los obispos y sacerdotes dentro de las estructuras diocesanas y parroquiales».
El Papa Juan Pablo II ha señalado que los movimientos apostólicos y las nuevas espiritualidades, si permanecen en clara comunión eclesial, son portadores de una gran esperanza. Su capacidad para congregar a las personas es un testimonio significativo de que la Iglesia no crece «por proselitismo sino ‘por atracción’».
Formación y Vida Espiritual
Los movimientos ofrecen un estímulo y apoyo poderosos a los católicos de todas las edades para vivir la vida de discipulado de manera más intensa. A través de ellos, muchos católicos descubren a Cristo en una nueva profundidad, lo que les permite permanecer fieles en el contexto cultural actual, a pesar de las dificultades. Estos movimientos enriquecen a la Iglesia con dones de santidad y servicio.
En la Iglesia particular, las asociaciones laicales y los movimientos encuentran el ambiente adecuado para la formación y los medios idóneos para su orientación. Al fomentar el apostolado seglar y un clima de comunión entre los diversos carismas de la vida laical, se favorece la comunión eclesial y se evita el peligro de que los fieles se alejen hacia sectas o grupos pseudorreligiosos.