La Sagrada Escritura
El Nuevo Testamento no describe de manera explícita la Asunción de María. Sin embargo, ofrece un fundamento teológico al presentar la unión singular de María con Cristo desde la Encarnación, durante su misión y especialmente en su participación en el sacrificio redentor de su Hijo. Juan Pablo II explicó que esta unión con el destino de Cristo permite comprender la participación de María en su gloria celestial en cuerpo y alma.
Munificentissimus Deus interpreta diversos pasajes bíblicos a la luz de la totalidad de la revelación. La Iglesia contempla a María como la mujer asociada de forma única a Cristo y como figura de la Iglesia destinada a la plenitud de la redención.
La Tradición
La Tradición cristiana transmitió progresivamente la fe en la glorificación de María. La oración, la predicación, los escritos de los Padres, la celebración litúrgica y la devoción popular conservaron y desarrollaron esta convicción.
Pío XII presentó la Asunción como una verdad arraigada en la conciencia de la Iglesia desde antiguo. La constitución considera conjuntamente el testimonio de la liturgia, la enseñanza de los pastores y la recepción constante del misterio por parte de los fieles.
La liturgia
La celebración de la Dormición y de la Asunción ocupó un lugar destacado en la vida litúrgica de la Iglesia. Munificentissimus Deus recuerda que la fiesta adquirió una solemnidad creciente y que diversos papas promovieron vigilias, procesiones, ayunos y celebraciones prolongadas en honor de este misterio.
La liturgia no funciona como una demostración aislada, pero expresa la fe que la Iglesia celebra y transmite. Una celebración extendida por las Iglesias constituye un testimonio relevante de la conciencia eclesial sobre el misterio.
La fe del pueblo cristiano
La devoción mariana ofreció otro signo de la recepción universal de la doctrina. Los templos dedicados a María asunta, las imágenes veneradas por los fieles, el patrocinio de ciudades y diócesis, las congregaciones religiosas y la inclusión de la Asunción entre los misterios del Rosario manifiestan la amplitud de esta fe.
La fe del pueblo cristiano no actúa de manera independiente del Magisterio. Pío XII la presenta junto con la enseñanza ordinaria de los obispos, que guía, protege y confirma la vida creyente. La concordancia entre ambas realidades proporciona un testimonio particularmente significativo.
La reflexión teológica
Los teólogos estudiaron la Asunción desde distintas perspectivas: la unión de María con Cristo, su maternidad divina, su Inmaculada Concepción, su cooperación en la obra redentora y la armonía del privilegio con el conjunto de la fe cristiana.
Estos razonamientos muestran la conveniencia y la coherencia de la Asunción, pero la certeza dogmática no descansa únicamente en una deducción teológica. Pío XII concede una importancia primordial a la fe de la Iglesia y a la acción del Magisterio bajo la guía del Espíritu Santo.