Significado del propio
La expresión canto propio designa los cantos cuyos textos cambian según el domingo, la solemnidad, la fiesta, la memoria o el tiempo litúrgico. En la tradición romana, el propio incluye principalmente el introito, el gradual, el aleluya o el tracto, la secuencia cuando corresponde, el ofertorio y la comunión.
Estos textos no funcionan como canciones genéricas intercambiables. Cada uno establece una relación con la Escritura, el misterio del día y la estructura ritual de la misa.
El canto de entrada
El canto de entrada acompaña la procesión del sacerdote y de los ministros y ayuda a introducir a la asamblea en el misterio de la celebración. Puede alternar entre coro y pueblo, entre cantor y pueblo, o interpretarse por toda la asamblea o por el coro.
La primera opción corresponde a la antífona del Misal Romano y al salmo del Gradual Romano, con su música propia o con otra composición musical. También pueden utilizarse la antífona y el salmo del Gradual Simple, otros repertorios de salmos y antífonas aprobados, o un canto litúrgico adecuado aprobado por la autoridad competente.
Un canto de entrada no debería limitarse a expresar una alegría religiosa genérica. Conviene que guarde relación con las lecturas, la solemnidad, el tiempo litúrgico y la oración propia de la misa.
El canto del ofertorio
El canto del ofertorio acompaña la procesión de las ofrendas y la preparación del altar. Su texto debe relacionarse con la presentación de los dones, la entrega de Cristo y la dimensión sacrificial y eucarística de la celebración.
La selección musical debe respetar la duración real del rito. Cuando concluye la acción que el canto acompañaba, la música también debe concluir o adoptar una forma que no prolongue artificialmente el momento ritual.
El canto de la comunión
El canto de la comunión acompaña la procesión de quienes reciben la Eucaristía y expresa la unidad del Cuerpo de Cristo, la comunión con el Señor y la esperanza de la vida eterna.
La letra debe favorecer una actitud orante y eucarística. Un canto sobre una temática cristiana general puede resultar menos adecuado si no guarda relación con el misterio de la Eucaristía o con las lecturas y oraciones de la celebración.
El canto de salida
El canto de salida no pertenece al propio tradicional de la misa en el mismo sentido que el introito, el ofertorio o la comunión. Puede acompañar la salida del sacerdote y de los ministros o prolongar sobriamente la acción de gracias de la asamblea.
La ausencia de un canto de salida no constituye una carencia litúrgica. La celebración puede concluir con silencio, música instrumental adecuada o una fórmula cantada prevista por el rito.
Sustitución de los cantos del propio
La tradición litúrgica permite sustituir en determinados lugares los cantos del Gradual destinados a la entrada, al ofertorio y a la comunión por otros cantos aprobados, siempre que guarden relación con la parte de la misa, la fiesta o el tiempo litúrgico. La aprobación corresponde a la autoridad territorial competente.
Esta posibilidad no convierte cualquier canción religiosa en canto litúrgico. La sustitución exige adecuación ritual y aprobación eclesial. La Instrucción general del Misal Romano remite expresamente a las normas propias para escoger los cantos de entrada, ofertorio, comunión y entre las lecturas.