La celebración cantada
La instrucción invita a los pastores a promover la celebración cantada siempre que las condiciones pastorales lo permitan. La música debe integrarse en la estructura de la liturgia y respetar la función propia de cada ministro y de la asamblea. La preparación de cada celebración requiere la colaboración de quienes intervienen en los aspectos rituales, pastorales y musicales, bajo la dirección del rector de la iglesia.,
El principio no reduce la participación a la ejecución vocal. Incluso en una celebración sin canto, la comunidad puede participar activamente mediante respuestas, aclamaciones, gestos, escucha atenta y unión interior con la oración litúrgica. La distribución ordenada de las funciones, propia de una celebración cantada, también ayuda a organizar las celebraciones habladas.
Participación plena, consciente y activa
La participación litúrgica posee una dimensión interior y otra exterior. La participación interior une la mente y el corazón de los fieles con las palabras que pronuncian o escuchan y con la gracia divina. La participación exterior manifiesta esa disposición mediante las posturas, los gestos, las aclamaciones, las respuestas y el canto.,
La instrucción atribuye esta participación al pueblo cristiano como derecho y deber nacido del bautismo. La asamblea no ocupa el lugar de un público pasivo, pero tampoco necesita cantar cada elemento de la liturgia para participar verdaderamente. Los fieles también participan cuando escuchan con atención el canto de los ministros o de la schola cantorum y elevan interiormente la mente hacia Dios.,
El canto, por consiguiente, debe promover la participación y no convertir la liturgia en un espectáculo. La calidad artística tiene valor cuando permanece subordinada a la oración de la Iglesia.
El silencio sagrado
La participación activa incluye también el silencio sagrado. El silencio permite interiorizar la Palabra de Dios, las oraciones y los cantos, y favorece la unión espiritual con el sacerdote y con toda la acción litúrgica. La ausencia de canto no equivale a ausencia de participación.
Una celebración que llena todos los momentos con música puede impedir la escucha y la contemplación. Musicam Sacram integra canto y silencio dentro de una misma pedagogía litúrgica: la música reúne las voces y el silencio dispone el corazón para acoger el misterio.